Samuel se colocó la capucha de su sudadera y ajustó las gafas oscuras sobre su rostro antes de salir del coche. El hospital estaba discretamente protegido, pero la seguridad nunca estaba de más. Su abuelo, William Hill, debía permanecer fuera del ojo público, y él estaba allí para asegurarse de que todo estuviera bajo control. Entró por una puerta trasera, guiado por uno de los asistentes personales de su abuela Evelyn, quien lo esperaba en el pasillo del piso donde William estaba ingresado. En cuanto Evelyn lo vio, lo miró con severidad, sin molestarse en ocultar su descontento. —El almuerzo fue un desastre —le recriminó, con la voz baja, pero llena de reproche. Samuel suspiró, intentando no dejarse llevar por el cansancio ni la presión que sentía desde que regresó a Delmor. —Las cosa

