Capítulo 3

1801 Words
-¡Es una estafa!- chillo molesta. Un vidrio no puede ser tan costoso…¿O si? -Debiste pensarlo antes de destrozarlo. Además, a mi me quitaste muchísimo más dinero- -Pero tú eres abogado y yo soy…¡Yo!- respondo señalándome a cuerpo completo. Levi rueda sus ojos, claramente fastidiado y extiende su mano abierta hacia mí, moviendo sus dedos. Me está pidiendo que pague. Refunfuño y saco mi billetera del bolso. No ganaré nada discutiendo con el hijo del alcalde. Me sonríe falsamente cuando, de muy mala gana, pongo los doscientos dólares sobre su palma. -Adiós- me despido girando. Nota mental: no arrojar cosas a los vidrios de los autos. Subo al coche y me voy directo a casa. Ya son las diez de la noche y mi madre ha estado insistiendo fervientemente para que lleve el auto. Mis padres se van a ir a ver a mi prima Debbie, quien se casa mañana por la noche, y se tomarán unas pequeñas vacaciones de verano en la playa. Yo estaba invitada, pero tuve que negarme a la fiesta por mi empleo. Muchos alumnos nuevos llegan en verano, cuando el tiempo sobra y las ganas de hacer algo los abordan; y es el momento ideal para seguir reuniendo mis ahorros. Algún día podré poner mi refugio, sé que lo lograré. Así tenga sesenta años de edad y la cadera rota, voy a colocar el refugio de animales Mur, en honor a mi bebe hermoso que espera en casa. Mur ha sido mi primer mascota, es mi mejor amigo y quien me ha salvado la vida. Tiene ocho años y está grande pero, según su veterinaria, a mi pequeño le quedan aún unos ocho años más de vida. Espero poder cumplir mi meta con él a mi lado. Llego a casa unos minutos luego, mamá y papá ya tienen sus maletas en la entrada. Mamá da vueltas de un lado a otro mientras mi papá le acaricia la panza a Mur, cerca de la entrada. -Hola, papá- saludo con una sonrisa. -Hola, Murph ¿Cómo estuvo tu día?- me pregunta viniendo a mi. -Bien, algo agotador ¿Me ayudas a bajar las bolsas del auto y ponerlas en el garage? Mañana ya las llevaré al centro- pido. Me sonríe y asiente. Nos dirigimos al coche y sacamos las bolsas rápido, mamá me mataría si ensucio mucho su preciado auto. -¿Por qué no van en tu auto?- pregunto curiosa, cuando dejo la última bolsa en el suelo. -Tu amoroso perro ha orinado sobre el asiento cuando lo saqué a hacer las compras. Lleva mañana el auto al lavadero, por favor- No puedo evitar soltar una risotada. Mur no es la clase de perro que puede ser llevado en auto, pero papá no lo comprende aún después de ocho años. Él se ríe y nos metemos a la casa nuevamente. -Murphy, te dejamos trescientos dólares para comida. No dejes que el perro coma en la mesa y volvemos el miércoles ¿Si? Nada de dramas hasta el miércoles- pide casi en un ruego. -¡Mamá! Ni que me metiera en problemas todo el tiempo…- respondo ofendida. Claro que lo hago, pero no voy a admitirlo. -Y no te rompas más huesos, hija- bromea papá guiñandome un ojo. Mamá se ríe del chiste pero yo me mantengo seria. Ni que me hubiese caído de las escaleras a propósito, fue muy doloroso. -¡Ron!- finge retarlo ella sin dejar de sonreír. -Ya váyanse, parecen adolescentes- los reprendo, divertida. Se despiden de mí con un gran abrazo que me roba el aire y se van rápido. Los he retrasado casi una hora con mis asuntos legales, de los que claramente no tienen idea alguna. -¿Qué vamos a comer hoy, Mur?- pregunto al perro, que me mira con sus lindos ojitos desde el suelo. Gime y se levanta moviendo la cola mientras se restriega en mis piernas mientras camino a la cocina. -Podríamos comer una tarta de acelgas ¿Qué dices, amigo?- Mur parece entender mis palabras porque se sube a la silla y apoya su cabezota en la mesa. Saco la acelga hervida que guardé en la heladera y la descongelo en el microondas. Pico un poco de cebolla y la coloco a cocinar en la sartén, le agrego condimentos, algo de aceite y la dejo ahí durante unos quince minutos, para que la cebolla esté bien cocida. Aprovecho esos minutos para preparar una masa de tarta. Mi masa en vez de tener huevo, lleva solo agua y sal. La comida vegana no es la más deliciosa de este mundo, sé que no, pero he aprendido a adorarla. Incluso mi Mur ama a la comida vegana más que a sus croquetas. -Mm esto huele delicioso ¿Verdad?- Mur jadea en respuesta y mueve su cola peluda en la silla. Está esperando por la comida. Junto la acelga con la cebolla, luego de mezclarla bien la pongo entre las dos masas que he armado y mi tarta queda lista para hornearse. -Espera sólo diez minutos y estará. Ya vuelvo- Me voy a mi habitación y me cambio toda la ropa que he usado el día de hoy. Soy un asco. Miro el reloj en mi mano, me quedan nueve minutos para una ducha rápida, antes de que la tarta se incendie. Corro a la ducha y me baño en tiempo record. Miro el reloj y sin siquiera cambiarme salgo envuelta en la toalla hacia la cocina. El olor de la tarta inunda mis sentidos y mi estómago ruge hambriento. Mur sigue en la silla, pero ha tomado un bollo de pan de la canasta en la mesa y se lo come con tranquilidad. -No podías esperar, eh- le digo divertida. Su respuesta es un gruñidito que me causa ternura. Mur me entiende, estoy segura. Saco la tarta y la coloco sobre la mesada. -Me cambio y cenamos, amigo- Busco ropa en mi placard y me pongo una musculosa gigante y unos shorts. Olvido el sostén a propósito, estoy en casa, necesito relajarme. Pongo dos platos, y la tarta sobre la mesa. Mur me mira atento y espera con ansias a que corte su trozo de comida. -No le digas a mamá que otra vez te dejé comer en la mesa- le pido. Pongo una porción grande en su plato y le hago una seña con la mano. Tiene que esperar a que enfríe un poco. Sirvo uno más en mi plato y la dejo enfriar. -Te vas a quemar esa lengua babosa, Mur. Déjame soplar tu porción- Y así, luego de enfriar su comida, Mur y yo cenamos tranquilamente y luego de limpiar todo; nos recostamos sobre mi cama y nos quedamos dormidos. … No sé qué es peor...si despertar con la mano babeada o con una bola de pelo de treinta y seis kilos sobre tu pecho. El asfixiante calor de la mañana, se estaba viendo notablemente empeorado por mi muy amoroso perro. Son las diez y doce cuando Mur me obliga a levantarme y empujarlo a un lado. Él se queda dormido por casi media hora más, y yo aprovecho ese tiempo para darme un buen baño. Preparo un té n***o y tostadas con mermelada, y me dispongo a desayunar sentada en el sofá frente al televisor. Mur no tarda en unirse a mi tranquilidad y se recuesta sobre mis piernas, esperando a que le comparta de mi desayuno. -He creado a un monstruo ¡Come croquetas! Hago un gran sacrificio comprandote croquetas de carne, cuando soy vegana y tu ni te las comes, Mur- Mur lame la tostada que le he dado y me ignora por completo. Mi perro es vegetariano y por voluntad propia. Su bolsa de croquetas, de quince kilos, se la compré hace más de un mes y no ha llegado ni a la mitad. Este perro adora la comida casera y debo admitir que es mi culpa. Cerca del mediodía caliento la tarta de ayer a la noche y comemos nuevamente. Yo saco otra porción pequeña y todo el resto se lo come Mur. Ayer quedé con Paul y Parker en que vendrían a casa para pasar el día juntos. No los he podido ver en toda la semana y extraño a esos gemelos molestos, así que a las tres de la tarde tocan el timbre y voy a abrirles. -¡Hola, chicos! Pasen, pasen ¿Trajeron sus trajes de baño?- Por suerte papá quiso instalar una piscina el invierno pasado, y ahora que el verano nos comienza a azotar, nos cae perfecta. -Si, nos habíamos olvidado y tuvimos que volver hasta la casa para buscarlos.- Paul es el primero en hablar y me hace reír. -No pierden la cabeza porque la llevan unida al cuerpo- le digo divertida. Parker, por su lado, se encuentra muy divertido jugando con Mur, quien le mordisquea las manos mientras gruñe con suavidad y mueve la cola. -No somos tan torpes- se defiende Parker. Se levanta y viene hacia mi, dándome un abrazo de saludo. Ambos son realmente altos, de cabello castaño y ojos marrones, tienen un rostro común y no son los chicos más bellos del mundo, pero sus personalidades tan animadas y diferentes entre sí, los han hecho conquistadores de chicas; y debo soportar eso desde los quince años. Nos vamos al patio trasero y nos metemos en la piscina, Mur no tarda en unirse a nosotros y nada entusiasmado por el agua, salpicándonos a los tres a su paso. -¿Algún día vas a dejar de meterte en problemas, Murphy?- cuestiona Parker, con el ceño fruncido. Es el más responsable y serio. Paul, en cambio, ríe de mi más reciente hazaña. -Me impresiona que no hayas ido presa.- añade el último. -¿Presa? ¡Pudiste causar un accidente de tránsito!- exagera Parker. -¡Eres un dramático, Park! No maté a nadie ¿Si? Sólo rompí su vidrio y ya lo pagué- me defiendo. Me encuentro apoyada en el borde de la piscina, Parker flota en un mismo lugar y Paul va de un lado a otro nadando de espaldas mientras se halla al pendiente de la charla. Me incomoda un poco su relajo. -Además, estamos hablando de Levi Dorevy ¿No te da miedo meterte con un abogado?- pregunta Parker. -Levi Dorevy no me da miedo. Es un nene de papá, no hará nada y menos en tiempos de campaña. Samuel lo mataría sin dud…- El tema "Jane" de Jefferson Starship comienza a sonar en mi celular, que se encuentra apoyado en una de las sillas, interrumpiendo mi charla con los chicos. Rápidamente salgo de la piscina y corro hacia allí. Y... ¿Como dice el dicho? Hablando de Roma, Levi se asoma. O algo así...   
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