Alejo el celular de mi oído ante el grito que dan mis padres cuando los atiendo. -¡Feliz cumpleaños, mi nena hermosa!- gritan de forma des-coordinada. Lo gracioso es que sé que lo han ensayado un par de veces para que suene bien, pero de igual modo no les ha salido. Siempre es igual para mis cumpleaños o para alguna ocasión especial que amerite de su saludo coordinado. -Te dije que a las tres- reclama mamá en un tono bajo. -Dijiste que luego de las tres, y lo hiciste a las tres- se defiende papá. -Oigan...- intento intervenir. -¿Si, nena?- pregunta mi papá, en tono amable. Oigo a mamá murmurar cosas en voz baja. -Gracias por saludarme, los quiero- -¡También te queremos, Murphy!- dicen esta vez al unísono. Hablo con ellos por casi una hora. Me cuentan de cómo va su crucero, ya está

