Capítulo 1

2241 Words
-¡Mamá! ¿Viste mis carteles por algún lado?- Bajo las escaleras casi a los saltos. Voy retrasada a la junta por el ambiente y necesito las jodidas muestras de carteles hechos con material reciclado. Son el motivo de la junta, no puedo simplemente no llevarlos. -Los dejaste en el garage, hija- dice mamá asomando un poco por la puerta del comedor. Mira mi mochila y el casco para bicicleta y me frunce el ceño. Algunas arrugas se marcan en su frente ante aquel gesto. -¿No te quedas a comer? Tu tía Jas viene...- dice, como si yo estuviese a punto de faltar a un evento familiar importante. -Mamá, la amo, pero tía Jas viene a comer con nosotros tres veces a la semana...desde que Mila se fue a estudiar no deja de venir- recuerdo. Mamá se ríe, no puede negar mis palabras ya que, lo cierto es que mi muy amada tía Jas tiene el síndrome del nido vacío. -Bien...te dejaré tarta de acelgas en la heladera. Te me cuidas, y por favor, nada de meterte en muchos problemas- advierte. Suelto una risa divertida y asiento. Al menos hoy no haré nada ilegal, sólo presentaremos los nuevos carteles por el ambiente hechos con papel y cosas recicladas; y otros proyectos para dejar de contaminar nuestra ciudad. Ya en el garage tomo los carteles y los meto en mi mochila. Agarro mi vieja bicicleta y me voy a toda prisa hacia la alcaldía. No puedo llegar muy tarde, es una reunión cada mes. Hace unos meses el alcalde, harto de mi y de mis protestas, nos dio un espacio en su agenda una vez al mes para que lo actualicemos sobre el estado ambiental de nuestra ciudad y propongamos las actividades que deseemos llevar a cabo para mejorarlo. Debo felicitarme a mí misma por ser tan insistente y conseguir este apoyo político. 《¿Insistente?...¿Es una nueva forma de decir que somos insoportables?》, dice aquella molesta vocecilla en mi cabeza, aquella voz que todos llaman conciencia. Si, soy algo insoportable, pero es mi forma de conseguir avances. Para cuando llego a mi destino, voy dos minutos tarde. Por suerte aún no han empezado con la reunión. Erick y Linda, dos de mis compañeros, me esperan en la entrada mientras charlan un poco entre ellos. Linda lleva puesto un bello vestido amarillo que remarca su muy delgada figura. Se acomoda sus grandes lentes sobre el puente de la nariz cuando me ve y me saluda alegre. Tiene su cabello n***o recogido en una coleta alta. Como siempre. Toda ella desborda de alegría y bondad. Erick me sonríe levemente y vuelve la vista a su celular. Es un chico de origen asiático, de esos que esperarías ver en una banda de K-pop...pero canta horrible y baila aún peor. Además, tiene menos carisma que Mandy, de "Las sombrías aventuras de Billy y Mandy". Los conocí cuando se aprobó la ley de las multas que yo propuse. Ellos, amigos desde la infancia que compartían intereses por el planeta tierra, me veían como a una loca heroína del medioambiente y quisieron formar parte del grupo. Como no tenía un grupo, lo fundamos. Pronto, reunimos otros seis reclutas y nos hicimos oír aún más. Extraoficialmente, somos los "patea roñosos", oficialmente, somos "Amigos ambientales". Nuestro lema es: "He mau hoaaloha mākou no ka makuahine honua", significa "somos amigos de la madre tierra" en hawaiano, el lugar de origen de mi mamá. -¡Te estabas tardando!- exclama Linda cuando ya estoy a su lado. Me mira de manera acusadora. Ella es excesivamente puntual. Esperamos unos diez minutos más y el alcalde llega a recibirnos junto con su asistente, Janin, quien debe soportar mis insistencias cada mes. Este mes propondremos algo que, en nuestra muy humilde opinión, es bastante ingenioso. Hemos hecho carteles de campaña con material reciclado. Como cada cierta cantidad años, se acerca la época de las elecciones y los políticos usan demasiado papel para sus campañas electorales, matan a demasiados árboles por sus estúpidas boletas que terminan tiradas por las calles, ya que nadie las lee realmente. -¿Esto es una broma?- pregunta Samuel en tono burlón. Se quita los lentes para verme a mi, con una ceja alzada a modo de burla. Ojalá pudiera golpearlo. Es una especie de fantasía que ansío cumplir algún día. Fantasía que cargo conmigo desde hace casi cuatro años. -¡No, no...claro que no!- defiende Linda ofendida. Erick, como casi siempre, se mantiene en silencio. Eso hasta que sienta que es necesario su aporte. Al ver cómo va la cosa, me abstengo de sacar a la loca que reside dentro mío y dejo salir a la Murphy manipuladora. Aquella que adora usar los intereses de los demás, a favor de los suyos propios. Finjo desinterés. Tomo mi mochila y la cuelgo en mi hombro derecho, como si me preparara para irme. -Bien, no importa, era sólo una idea. Creímos que le interesaría ser amigo del ambiente durante su campaña política, porque ya sabe...ahora a todos les comenzó a interesar el medioambiente, por las noticias de la contaminación y eso...- El alcalde resopla y vuelve a poner su interés en los carteles. Me giro hacia mis dos compañeros que me miran con sonrisas disimuladas en sus rostros y elevo ambos hombros. Soy buena en esto, para qué negarlo. Soy genial en esto de salirme con la mía a cómo dé lugar. -Tranquilos, chicos...aún podemos intentarlo con Rhidelwall- digo, dejando caer mis hombros. Sé que he tocado fibra sensible al nombrar a la competencia más fuerte de Samuel Dorevy, pero me hallo feliz por mi técnica. He golpeado bajo, lo sé, lo confirmo cuando Samuel Dorevy vuelve su vista a mi, esta vez serio e interesado. -¿Cuánto costaría poner de estos carteles en toda la ciudad?- -Muy poco, sólo necesita el equipo de gente que recicla el papel, como doce personas y luego se imprime su diseño sobre los papeles. Se puede hacer hasta en la impresora de su oficina, señor- digo, convencida. -Los amigos ambientales somos nueve, sólo faltarían tres personas más y podemos conseguirlos gratis. Nosotros no cobramos- añade Erick. -Sólo gastaría tinta.- finalizo yo. En el momento en que Samuel resopla y asiente rendido, festejo interiormente por mi nuevo logro. Soy malditamente buena en ésto. Toneladas de papel son utilizadas año tras año en elecciones políticas, campañas, anuncios y otros asuntos. Los papeles terminan tirados por las calles, las calles se limpian y terminan en los basureros de cada ciudad. El ciclo se repite infinita cantidad de veces. ¿No sería mucho mejor utilizar el mismo papel una y otra vez hasta que ya no se pueda reutilizar? Los árboles son una de las principales fuentes de oxígeno y vida del planeta. Sin árboles no hay aire limpio, no hay hábitats favorables para la fauna, no hay vida. Luego de establecer un trato con el alcalde, Linda, Erick y yo nos vamos a festejar y de paso a almorzar a nuestro sitio favorito. Linda y Erick piden pizza y yo como una ensalada con una hamburguesa de soja. Ellos son vegetarianos y yo soy vegana. No negaré que extraño el delicioso sabor de una pizza recién hecha o la carne asada a la parrilla, pero me pesaba en la conciencia saber que yo favorecía al desastre en el que se está convirtiendo este mundo. Sería muy hipócrita de mi parte comer o consumir a costa de los animales cuando se supone que los estoy defendiendo. Pasamos el almuerzo afinando los últimos detalles para el proyecto de los carteles. -Podríamos buscar ayuda en los colegios secundarios ¿No? Últimamente cuidar al medioambiente se ha vuelto casi una moda, creo que encontraríamos voluntarios ahí.- La idea de Erick me parece perfecta y a Linda igual. Quedamos en dividirnos uno en cada colegio secundario, Linda irá al Richmond, Erick al Washington y yo iré a Eastfield High. Los demás chicos de la organización están encargados de ir a buscar papel para reciclar hoy, mañana será su descanso e iremos nosotros. Es una buena forma de dividirnos las tareas. Al finalizar nuestras comidas nos despedimos y nos llevamos una muestra de cartel cada uno para enseñarlas a los chicos. La idea es conseguir colaboración gratuita por parte de los muchachos. Si logramos que Dorevy esté satisfecho con los carteles y que se adhiera a nuestra causa ambiental, habremos avanzado mucho. El alcalde no lo admitirá jamás, pero gran parte de su imagen positiva se debe a mi y a mis compañeros. Desde que él fue electo, hace cuatro años, ha tenido una gran imagen positiva por aprobar medidas contra la contaminación. Hemos logrado que la ciudad esté más limpia que nunca y quiero que permanezca así, aunque él no me agrade demasiado. Su competencia, Luke Rhidelwall es un machista de esos que no escucharía jamás las ideas de una chica como yo. Lo sé porque ya he intentado tratar con él y se ha reído en mi cara. Por eso nos conviene mantener a Dorevy en la alta, porque por mucho que me pese, es un buen alcalde y nos ha escuchado por años. Eso no quita que lo deteste como persona. Buen político, mal ser humano. Llego a Eastfield High a eso de las dos de la tarde. A esta hora los chicos aún deben estar en clases, según recuerdo, las clases finalizan a las cuatro. Camino con tranquilidad hasta la oficina del director Pratt. Cuando yo asistía a este colegio él era un profesor de matemática, el mejor profesor, y tal parece que sus años de trabajo lo han premiado con el puesto de director. Me alegra muchísimo. Toco la puerta de su despacho y la voz de permiso me invita a pasar. Pratt abre sus ojos sorprendido al verme por ahí. -¡Señorita Hiddleston! Tanto tiempo...- -Hola, profesor ¿Aún me recuerda?- pregunto sentándome. Él asiente y sonríe negando con la cabeza, como recordando los viejos tiempos. -Cómo olvidaría a mi mejor alumna y a la que gritaba por los pasillos cuando veía basura- Me río divertida. Tuve una buena adolescencia, era una tipa insoportable pero me gustaba mantener el orden, además, los profesores me querían mucho. -Cierto...era un desastre- murmuro. -¿Qué la trae por aquí?- pregunta quitándose sus lentes de vidrio grueso. -Necesito hablar con los chicos del último año. Estamos haciendo un proyecto de reciclado para las campañas electorales. Usted ha visto el desastre que forman los candidatos con sus boletas. Necesitamos tres voluntarios. Ya tenemos el apoyo del alcalde- -¡Si, claro! A ver si logra que esos holgazanes hagan algo productivo- me responde rodando sus ojos cansado. Salgo de su despacho, con él siguiendo mis pasos y camino hasta un salón del último año, el 5A. Ahora Pratt entra primero y yo lo sigo. Todos se quedan en silencio al verlo, incluyendo a la profesora McCliney, la tuve en idiomas hace años. Me sonríe amable al reconocerme y le devuelvo el gesto. -Alumnos, ella es Murphy Hiddleston, ex alumna de esta institución y tiene una propuesta que hacer. Espero que la sepan escuchar con el debido respeto- anuncia Pratt. Carraspeo un poco cuando los poco más de veinticinco chicos me observan atentos y curiosos. -¡Hola! Soy Murphy Hiddleston, dirijo el grupo "Amigos ambientales" y estamos buscando al menos a tres voluntarios para un proyecto en conjunto con la alcaldía. Queremos que se usen carteles de papel reciclado en lugar de molestas boletas de campaña que asesinan a miles de árboles y contaminan horrores nuestra ciudad. No recibirán dinero, es todo con fines ambientales, pero les prometemos una cena deliciosa al finalizar. Los padres de una compañera son chefs- digo, sonriendo en la última parte. Chantaje, mi mejor técnica de reclutamiento. Una chica morena levanta su mano. Es un poco regordeta y tiene unos lentes rosa que le quedan muy bien. Es adorable. -¿En qué consiste el voluntariado?- -Bueno, en un principio, recolectar papel y plástico. Este trabajo no debería durar más de tres días para tener los suficientes y luego, hay que procesar el papel, que es molerlo, humedecerlo, aplastarlo, plancharlo y luego imprimirle las boletas.- -¿Es con fines políticos? No me cae muy bien eso de la política- dice ahora un chico moreno de ojos claros. -Aunque así lo parezca, no. Ni siquiera me agrada el alcalde, pero Dorevy fue el único que aceptó la propuesta. Sus oponentes ni siquiera nos quisieron oír...- -¿Lo de la comida es en serio?- pregunta ahora un chico de cabello castaño y ojos claros. Es muy guapo, seguro es el chico bromista que rompe corazones en esta época. Todos ríen y las chicas lo miran. Acerté. -Sí, los señores Weinstein son excelentes chefs- afirmo. Si lo consigo a él, consigo a al menos a un par de voluntarias. -Bien, me apunto- dice la primer chica. Saco un papel de reciclado limpio de mi mochila y se lo alcanzo junto con una lapicera. -Anota tu nombre completo y número de celular- Asiente y lo anota en una prolija cursiva. -Yo me uno igual- dice el chico de los ojos claros. El que asumo es un don Juan. -Yo también- dicen al unísono dos chicas. Y así, el rompecorazones me ha regalado dos ayudantes más de los que necesitaba. Bien hecho, Murphy, bien hecho.   
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