Año 2016. Llego a casa pensando en el beso que me ha dado el hijo del alcalde. En sus manos firmes sosteniendo mi cintura mientras bailábamos. Luego de aquello, propuso salir a tomar aire y terminamos pegados a una fría pared, robándonos un beso tras otro, sin darnos tregua ni descanso. Me miro al espejo y sonrío como una tonta. Tengo los labios rojos e inflamados de tanto estar pegada a sus labios. Para mi fortuna, mi dorado cabello está prolijamente recogido en su moño aún. El vestido rojo que mi madre ha elegido ya no me parece tan incómodo, ahora lo veo casi sensual. Suelto una risa por aquel último pensamiento ¿En serio yo he pensado eso? Un mensaje entra a mi celular y lo tomo inmediatamente, a sabiendas de quién se trata. "No sé qué le haces a mi cabeza, pero me encanta. Nos ve

