Max sintió una tormenta de emociones al escuchar las palabras de Saskia. Su pecho se llenaba de una mezcla de incertidumbre y deseo, pero cuando ella habló, algo en su interior decidió que no la dejaría ir. Sonrió suavemente y, con una ternura inesperada, acercó sus labios a la frente de la mujer. Al tocarla, sintió su piel cálida bajo el roce, como si por un segundo sus almas se conectaran. Sus manos, grandes y firmes, rodearon el rostro de ella, acariciando con cuidado sus mejillas, como si fueran lo más valioso que hubiera tocado jamás. Max la miraba con un brillo en los ojos, casi en éxtasis, como si Saskia fuera la única luz en su universo. “Tú dices que no me mereces”, murmuró con la voz cargada de emociones, “y siendo sincero, te digo que soy yo quien no te merece. Saskia, por favo

