A partir de ese día, tanto Saskia como Isabella se habían hecho buenas amigas. Fue tanta su amistad, que ella la siguió a otra ciudad para apoyarla en su matrimonio con Alexander Cassano, el nieto de aquel venerable anciano que había sido salvado por esta mujer. “Quién diría que nuestra amistad iba a comenzar tan alocada.” Saskia le dio un codazo a Isabella. “Ya han pasado varios años, ahora mírate, siendo la esposa de Alexander Cassano y la madre de sus tres hijos.” “Y durante todos esos años, no he escuchado nada de ti y de tu pasado.” Isabella miró de reojo a su amiga. “Pero no te preocupes, no te voy a presionar para que hables, al final eres libre de hacerlo cuando quieras.” “Y no tienes idea lo mucho que te agradezco esto, te prometo que algún día voy a contarte todo lo que he pas

