Una de las mujeres, una empleada de limpieza, titubeó. Su voz era apenas un murmullo. “No tenía idea de que esa mujer iba a cometer ese crimen... si lo hubiera sabido, nunca le habría dicho nada.” “¿Qué le dijiste?”, rugió él, su mirada perforando a la mujer. “Ella... ella solo me pidió información sobre la fiesta, pensé que quería conseguir un marido rico, nada más.” El señor De la Torre se volvió hacia la mesera, su voz cada vez más amenazante. “¿Y tú? ¿Qué explicación tienes?” “¡Yo no sabía que ella iba a hacer semejante cosa! Solo me dio dinero para que le cediera mi lugar en la fiesta... y accedí porque mi hijo está enfermo... necesitaba el dinero.” El militar los observó, fríamente calculando el impacto de cada palabra, la traición en cada acción. Su rostro era una máscara de hi

