Cuando dieron las 6 de la mañana la gente comenzó a irse por fin, y quedaron los cinco muchachos de la fraternidad, anexando a Adams y otras cuatro chicas, todos en la cocina preparando comida porque al parecer estábamos muertos de hambre. -Mierda, mi perro -expresó Adams de repente aguantándose de la encimera para no caerse de lo borracho que estaba- ¿Dónde dejé mi perro? -Tu perro murió hace casi tres meses, idiota -dijo Sam comenzando a batir los huevos en un enorme envase. -Joder, no -Adams giró los ojos-, mi llavero de perro, creo que lo dejé en la sala y sin eso no puedo entrar a mi habitación. Creo que... necesito acostarme. Lucía realmente agotado, casi parecía como si no pudiera mantenerse de pie. Recordaba que había pasado el seguro de la puerta de su habitación para evitar q

