Capítulo 16

1037 Words
- ¡No me jodas! Ay, perdón alteza... no quería decir eso, quería decir !Mecachis! - Jajaja no te preocupes Daniel. Puedes decir tacos con total confianza, no me asusto ya a estas alturas. - Pensaba que las personas de la realeza no hablabais así... parecéis tan finos. - ¡Qué va! Para nada de verdad, ya lo comprobarás. Eso es lo que sale por la tele pero nada más lejos de la realidad. Y entonces el Príncipe se tiró un eructo que Daniel pensó que la Sala VIP iba a salir volando. - Uy perdón, ha sido sin querer... (Pues menos mal que ha sido sin querer, si llega a ser queriendo es una bomba entonces) - ¿Y no hablas con ellos Alexander? - Si, al principio de la noche cuando han subido aquí pero no me han caído bien, digamos que no tengo afinidad con ellos, son lelos para que tú lo entiendas. - ¿Y porque me has elegido a mí? No entiendo nada, perdóname. - Porque te he observado por el cristal que estabas el último para entrar. Te he visto allí tan sólo, tan mimoso, sin nadie, tan insignificante... y me he dicho ¡Ese chico tiene que estar aquí arriba conmigo! (Ahora empiezo a entenderlo todo, este me ha llamado por lástima porque estaba más solo que un cero) - Pues muchas gracias, te agradezco el detalle, de verdad. - ¿Te apetece tomar algo Daniel? Daniel asintió y se dirigieron a una barra que había al fondo de la sala. Un chico con unos pantalones ajustadísimos a punto de explotar, les invitó a dos tapones. Los bebieron de un trago. - ¡Es tequila! Daniel pensaba que le iba a salir fuego por la boca cómo un dragón. Se veía ya en un circo. - Perdona un momento Daniel, ahora vuelvo. El Príncipe se alejó. Daniel observó cómo decía algo al oído a un guardaespaldas. Al instante volvió de nuevo junto a Daniel. - ¿Algún problema Alexander? - ¡Qué va! ¡Al contrario! Tengo una sorpresa para ti... Ernesto y Charlotte estaban de puntillas como dos bailarinas, mirando hacia la Sala VIP donde se encontraba el Príncipe. - No me llega la vista, dijo Charlotte que ya no se podía empinar más. Si lo hacía, se rompería en dos. Miró hacia los lados en busca de algo sobre lo que subirse. Esta es una cotilla profesional, pensó Ernesto. Vio una silla que estaba abandonada bajo un árbol con las patas hacía arriba. Charlotte fue hasta ella y regresó con la silla arrastrándola. - Chica levántala que no pesa tanto...le recriminó Ernesto molesto por el ruido. Charlotte comenzó a sacar la lengua haciéndole burla y a decir palabras sin sentido. Ernesto no entendía ni una palabra de lo que decía. - Habla en otro idioma, que tía más lista... Charlotte comenzó a resoplar subiéndosele el flequillo para arriba y para abajo. - Mucho se le sube a esta el pelo, observó Ernesto. Lleva peluquín, cómo sople fuerte se le vuela por los aires. Charlotte se subió a la silla para ver mejor al Príncipe. - ¡Cuenta! ¿Qué ves?, le preguntó Ernesto mientras le sujetaba la silla. Charlotte se movía para un lado y para otro y su culo iba y venía hacía la cara de Ernesto. Cuando le daba con el culo, le tapaba la cara entera. - ¡Oxigeno! ¡Oxigeno! gritaba. Pero ella era tan cotilla que lo ignoraba completamente, lo primero era lo primero. - Pues mi gozo en un pozo chico porque el Príncipe ya no está, ha desaparecido, tanto arrastrar la silla para nada. Lleva la silla a su sitio Ernesto. - ¿Perdona? Chica q la has traído tú, pues llévala tú ¡Fresca! Charlotte lo ignoró, pegó el culo a su cara y bajó de la silla. Ernesto se sintió mareado por la falta de oxigeno. Respiró hondo, un, dos, tres... Se repuso pero Charlotte ya no estaba a su lado. Miró y la vio correr como si llevara un reactor en el culo. Ernesto la siguió como buenamente pudo. Le faltaba la respiración. No entendía como podía correr tanto esa chica. - ¡Esta tiene que ser atleta olímpica!, pensó. Ella lo dejo atrás como si ya no le conociera de nada. Ernesto la observó bailando en la pista como si fuera la primera vez, le faltaban piernas. Llegó con la lengua fuera y encorvado. No le salía el habla. - ¡Baila chaval, no me seas aburrido!- le gritó ella al oído como si él fuera sordo. Su voz se oyó por encima de la música de la discoteca. Le gritó tanto que un chico que estaba a su lado, la oyó y se acercó a sacar a bailar a Ernesto. Se puso frente a él bailando de tal manera que parecía un stripper. Ernesto no sabía cómo quitárselo de encima. Cuando se dio cuenta, el chico ya le había pasado los brazos por el cuello preparado para bailar una balada. - ¡Deja a mi amigo o te corto los huevos! Le gritó Charlotte en plan sargento. Tú eliges o lo dejas o te quedas sin huevos... El chico se quedó inmovilizado cómo si fuera una estatua. Charlotte cogió de la mano a Ernesto y lo levantó en peso echándoselo al hombro. Comenzó a abrirse paso entre la gente que le aplaudía eufórica cómo si fuera una boxeadora en un ring. Llegaron hasta la barra más lejana de la discoteca, justo al otro lado de la pista. Charlotte bajó a Ernesto de los hombros y lo dejó caer en el suelo cómo si fuera un saco de patatas. Ernesto emitió un quejido al golpearse con el suelo. Charlotte se puso frente a él: - Por lo menos que me das las gracias, de menuda te he salvado, casi te devora ese chico. ¡Era carnívoro y estaba hambriento! Charlotte resoplo de nuevo elevando el flequillo y dejándolo caer otra vez. Ernesto puso la mano por si se le caía el peluquín pero no se le cayó. - Levanta que nos vamos a pedir un whisky. Estoy sedienta como un desierto. ✨✨✨✨
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD