Capítulo 15

1081 Words
Decidió eliminar esos pensamientos negativos de su cabeza y divertirse, qué para eso estaba esa noche ahí en ese pedazo de discoteca. Y además, parecía que la noche prometía o al menos, esa esperanza le quedaba a él. Pidió que no se le torciera cómo siempre le pasaba, cuando salía de fiestuki. Daniel dirigió tímidamente la mirada de nuevo hacía la Sala VIP y para su asombro, el Príncipe le guiñó un ojo. - ¿Cómo puede ser que con todos los tíos buenos que hay aquí esta noche, el Príncipe se esté fijando en un tipo del montón cómo yo? Será que no tiene aquí gente para conocer...masculló entre dientes. El Príncipe elevó la copa al aire y le hizo a Daniel un brindis. Daniel se sonrojó, no sabía hacía dónde mirar. ¡Eso ya era lo más de lo más! Le pareció que era el centro de todas las miradas, nunca se había sentido así. La pista de baile se había quedado vacía para ir a verlo a él. Había ya más gente allí rodeándole a él, que bailando en la pista. El Príncipe Alexander le hizo una señal a Daniel de que no se preocupara por el cacheo, que se relajara. Parecía que le estaba diciendo algo con la boca. Daniel no entendía lo que le quería decir pero le pareció leer en sus labios: "¡Tranquilízate!" Y ni corto ni perezoso el Príncipe ¡Le estaba saludando a él con la mano! - ¡Madre mía! ¡Un príncipe haciéndome caso a mí! ¿Pero que está pasando esta noche aquí? No he bebido tanto...Esto no puede ser verdad, que le esté pasando esto a un invisible como yo. Una vez que los policías terminaron los protocolos de seguridad llegaron hasta la puerta que estaba custodiada a ambos lados por dos guardaespaldas del príncipe. Un guardaespaldas que tenía cara de perro le ladró: - Puedes subir a la Sala VIP. Otro guardaespaldas que estaba al otro lado del marco de la puerta giró varias veces la llave y abrió la pesada puerta empujándola con fuerza (madre mía cómo para escaparse rápidamente de aquí). A la vista quedó una escalera de caracol que daba vueltas y vueltas sin verse el final. - ¡Venga, chaval! ¡Sube! Daniel hizo caso al guardaespaldas ladrador y comenzó a subir los escalones de uno en uno, con paso tembloroso. No sabía si seguir subiendo o salir huyendo de allí. Un cosquilleo le recorrió todo el cuerpo. En menudo lío se había metido. Estaba asustado. Las piernas le temblaban. Llegó hasta arriba a una especie de rellano y giró a la izquierda. Recorrió un pequeño pasillo y se encontró con una cortina blanca transparente que se zarandeaba por el viento. Tras la cortina Daniel observó una silueta. La abrió con una mano y se encontró con el Príncipe Alexander. Daniel se quedó mudó. Miró al Príncipe de arriba a abajo. Era un poco más alto que él, de pelo castaño tirando a rubio, ojos verdes y piel blanca. La mandíbula la tenía ligeramente sacada y le daba un aire masculino. Iba vestido de manera informal. Llevaba una camisa blanca de lino de manga larga y la llevaba desabrochada dos botones, dejando el cuello al descubierto. Una cadena de plata con un gran medallón le colgaba. Llevaba un pantalón de vestir de color azul cobalto. En una mano portaba una copa de balón con una bebida transparente en la que flotaba una rodaja de limón mientras que la otra mano la tenía introducida en el bolsillo del pantalón. Era realmente guapo. Ni más ni menos a cómo salía por la televisión pero sin tantos formalismos. ¡Era todo un príncipe! Guapo, alto, rico... El cuerpo le temblaba. - ¡Hola! ¿Todo bien? le preguntó el príncipe dejando al descubierto unos dientes blancos relucientes. Daniel se había quedado sin habla. Presentía que se iba a caer al suelo de un momento a otro. Titubeó. - Ho, hola, si, bien, gra, gracias. - Jajaja ¿No me digas que estás nervioso? Daniel afirmó con la cabeza porque no era capaz de decir "Si". - ¿Cómo te llamas? - Daniel, dijo cogiendo carrerilla para conseguir decirlo. El Príncipe dio un paso al frente aproximándose a Daniel y le dio dos besos. - Yo soy Alexander. Te pido por favor que no me llames Príncipe, aquí estamos entre amigos, dejemos las formalidades para actos más protocolarios y eventos públicos que requieren mi presencia. Esta noche estamos en un espacio privado que nada atañe a mi función cómo Príncipe. A Daniel le parecía que hablaba raro, no entendía nada de lo que había dicho. Todo lo que le decía le entraba por un oído y le salía por el otro. Pensó que cómo el Príncipe empleara ese lenguaje tan extraño, no iba a decir ni mu en toda la noche. Cayó en la cuenta que se tenía que haber llevado un diccionario. El príncipe le pasó una mano por la cintura y le pidió que le acompañara. Comenzaron a pasear por la Sala VIP. Daniel nunca había entrado a ninguna, bastante era con que le hubieran dejado entrar a la discoteca. Él no aspiraba a más y mucho menos a una Sala VIP cómo aquella, reservada para las personas glamourosas y de postín. Se sentía tan insignificante y diminuto allá arriba... ya comenzaba a dudar de si había sido buena idea haber acudido a la disco. No sabía cómo actuar, si moverse, si no moverse, si hablar, si callar, si sonreír... pensó que iba a terminar loco esa noche. No sabía ni cómo disimular. Decidió sonreír y sonreír sin ton ni son, así se le notaría menos. Daniel observó sorprendido que la Sala, en contra de lo que él había pensado, estaba prácticamente vacía. Había solo un grupo reducido de personas pero estaban alejados de donde ellos se encontraban. Le miraban todos. Daniel pensó que se iban a unir a ellos pero se equivocó. - Por aquí Daniel. El Príncipe le empujó levemente hacía el lado opuesto. Daniel le miró extrañado. - ¿No vamos con tus amigos Alexander? - No son mis amigos... - ¿Cómo? ¿Quiénes son entonces? Daniel se detuvo esperando la respuesta del Príncipe. - Esos chicos que ves ahí no les conozco de nada. Han sido invitados a subir a la Sala VIP de manera aleatoria para no estar yo solo aquí esta noche. ✨✨✨✨
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