Daniel dijo que sí tímidamente.
- ¡No te hemos oído chaval! ¡Más fuerte!
- ¡Sí, acepto! gritó Daniel como un militar con un volumen de voz que hasta él mismo se asustó al oírse.
Daniel dio un paso hacia adelante colocándose a la altura de las dos chicas.
Las miró.
Parecían dos perros rabiosos. Solo les faltaba ladrar.
Daniel avanzó un poco más y se puso entre los dos guardaespaldas.
Se giraron los tres y comenzaron a abrirse paso entre la gente, en dirección a la puerta de la discoteca.
Daniel nunca se había sentido el centro de atención de nada y aquella noche pudo experimentar lo que se sentía siendo el foco de todas las miradas.
¡Se sentía muy feliz!
Sacó pecho fuera y elevó la cabeza.
¡Ahora os vais a enterar quien soy yo! pensó orgulloso de sí mismo.
Llegaron hasta la puerta.
Atrás se oía el barullo y los silbidos de la gente.
Daniel no quiso mirar atrás para no escuchar más insultos, ya estaba bien por aquella noche.
Los guardaespaldas le hicieron una señal de que ya podía entrar.
Ellos se hicieron a los lados y él quedó frente a un largo pasillo.
Comenzó a caminar y se fue encontrando con chicos muy guapos.
Le faltaban ojos, no recordaba haber visto en su vida tanto tío bueno en tan pocos metros cuadrados.
Aquello era una locura, un milagro. Sentía que se iba a desmayar de un momento a otro.
Llegó hasta el final del pasillo y se dio cuenta que ningún chico le había dicho ni un simple "Hola".
¡Que triste es mi vida! pensó.
Intentó animarse.
Quería divertirse que para eso estaba ahí esa noche.
Tenía que aprovechar que le hubieran dejado entrar gratis y antes que toda aquella jauría que estaba ahí fuera esperando.
Llegó hasta la pista de baile.
La gente bailaba al son de la música electrónica que pinchaba el dj, que estaba metido dentro de una cabina de cristal situada un poco más alto que la pista de baile.
A Daniel le chifló verle allí.
- ¡¡Qué chulada!!
Rodeó la pista y se puso justo debajo de la cabina.
No atinaba a verle bien pero le pareció un tío muy interesante ahí pinchando, dándolo todo.
Se giró y miró hacía la pista de baile.
Vio a lo lejos a Ernesto que venía acompañado de una chica alta y desgarbada que no conocía de nada.
- ¿Pero esa de donde ha salido? se preguntó.
Se dio la vuelta para que Ernesto no le viera, era lo que menos deseaba aquella noche.
Se colocó de nuevo al lado de la cabina del dj y vio a los dos guardaespaldas que le habían acompañado para entrar a la discoteca. Venían de frente hacía él.
- Ya van a echarme, sí pero han tardado, no me ha dado tiempo ni a terminar de oír una canción.
La gente le miraba extrañada.
Los dos guardaespaldas se detuvieron frente a él.
Uno de ellos habló:
- ¿Qué haces aquí chaval escondido con lo grande qué es la discoteca? Será por sitio...
Daniel agachó la cabeza avergonzado.
- Tenemos algo que comunicarte, dijo el otro. Mira hacía allá, hacía la Sala VIP.
Daniel miró hacía donde ellos le indicaban.
Ahora sí lo veía con claridad porque estaba muy cerca de donde él se encontraba: era el Príncipe Alexander que miraba hacía donde estaba Daniel ¡Y encima le sonreía!
- El Príncipe Alexander nos ha ordenado que te pidamos que subas arriba con él, si tú estás de acuerdo claro...
A Daniel se le iluminó la cara.
No podía ser verdad todo lo que estaba sucediendo esa noche?
Asintió con la cabeza y comenzaron a andar en dirección a la Sala VIP.
A su paso se encontró con Ernesto que le miró con cara de no comprender nada.
- ¡¡Jódete!! le gritó Daniel.
Daniel llegó acompañado de los dos guardaespaldas hasta la puerta por la que se accedía a la Sala VIP.
La gente comenzó a aproximarse curiosa.
El príncipe saludaba con la mano desde arriba a todos los que se estaban concentrando alrededor de Daniel.
La gente le vitoreaba sin parar de echarle fotos con los móviles.
Un policía se sacó una llave del bolsillo del pantalón y procedió a abrir la cerradura de la puerta?♀️
Daniel no hablaba nada, solo se limitaba a mirar.
Estaba en una nube porque no se creía que eso le estuviera sucediendo a él, que nunca le pasaba nada, su vida era tan aburrida...
Le pareció que el Príncipe Alexander le miraba a él sonriente. Estaba asomado, con las manos apoyadas en la pared de la terraza y se movía divertidamente al ritmo de la música?
Un guardaespaldas le pidió con la mano a Daniel que diera un paso al frente.
Daniel obedeció.
Comenzaron dos policías con uniformes adheridos a la piel a cachearlo, palpándole todo el cuerpo para comprobar si llevaba algún objeto prohibido.
Daniel no opuso resistencia porque comprendió que los policías hacían su trabajo. Él estaba encantado.
Otro policía le acercó una caja de plástico para que fuera depositando todos los objetos metálicos que llevara.
Daniel comenzó a sacarse de los bolsillos del pantalón llaves, móvil, cinturón, reloj.
El policía los iba introduciendo con mucho cuidado en una bolsa transparente de plástico.
- Cuando termines de divertirte esta noche y decidas regresar a casa, te los devolveremos todos tal y cómo los has dejado, no te preocupes que estarán bien resguardados, le dijo con voz firme.
Daniel le dio las gracias y el policía desapareció con la bolsa entre las manos.
Entonces fue cuando Daniel se dio cuenta que se había quedado sin móvil.
Respiró hondo y comprendió que no lo iba a necesitar por una sencilla razón: había venido solo.
El único temor que tenía era que su madre, qué era una plasta porque se creía que Daniel tenía siete años, le enviara algún wasap para saber cómo se encontraba. Si veía que Daniel no le contestaba, se alarmaría y comenzaría a ponerse histérica. Sabía que si eso sucedía, su madre era capaz de buscarlo en un tanque de guerra por todo Madrid hasta dar con él.
✨✨✨✨