Capítulo 13

1132 Words
- ¿Quién es? preguntó Daniel intrigado sin dejar de mirarle. - ¿En serio? ¿No sabes quien es? se burló la otra chica sorprendida. Daniel negó tímidamente con la cabeza. - Es que está algo lejos y tengo mala vista... - ¡Tío! ¡Es el Príncipe Alexander! Daniel se recriminó su torpeza pero no podía evitarlo, estaba a mucha distancia de donde se encontraba el Príncipe. Se había quedado el último para entrar. Sabía que nunca conseguiría entrar pero no tenía nada mejor que hacer esa noche, por no decir que no tenía ningún plan con nadie. Se había quedado completamente solo. Las dos chicas se unieron a él y comenzaron a hablarle. Parecían divertidas. Daba la impresión de que se lo estaban pasando en grande con aquella situación. Bailaban agarradas de la mano al ritmo de la música que se escuchaba desde dentro de la discoteca. Preguntaron a Daniel que cómo se presentaba sólo sin amigos, un sábado por la noche en una discoteca. - ¿Te esperan tus colegas dentro verdad? preguntó una de ellas, la que parecía menos tímida y que iba de modernilla. Daniel afirmó tímidamente con la cabeza... - ¡Únete a nosotras y no te quedes aquí solo! Daniel inmediatamente dio un paso al frente y se puso en paralelo a ellas. Ahora parecía que se sentía menos solo. Ellas por lo menos hacían bulto. - Parece que el Príncipe ha llamado a sus guardaespaldas, dijo la más tímida a la modernilla. - ¿Ocurre algo? preguntó Daniel porque no veía con claridad lo que estaba sucediendo allá arriba en la Sala VIP. - ¡No me jodas! gritó la tímida. - ¿Pero qué ocurre? Quiso saber sintiéndose ignorado. Daniel escuchaba a las dos chicas hablar sin parar. Parecían nerviosas. - El Príncipe está hablando con sus dos guardaespaldas y están mirando hacía todos los que estamos aquí abajo. - ¡Algo están tramando! - ¡Han desaparecido los guardaespaldas! Se ha quedado el Príncipe solo. - ¿No te parece extraño que el Príncipe esté ahí sólo venga mirar por el cristal en lugar de estar bailando y divirtiéndose con sus amigos? La tímida se encogió de hombros mientras que la modernilla se puso de puntillas para ver mejor por encima de la gente. - ¡j***r! No se ve nada, hay mucha gente delante de nosotros. A Daniel le era indiferente lo que pasara allá delante. Sabía que no tenía nada que hacer, nunca conseguiría entrar. Empezaba a sentirse cansado e incluso triste por todo lo que le había sucedido esa noche. No tardaría en irse a dormir a casa. Seguro que en su cama estaría mucho mejor. - Tía seguro que será una paranoia mía pero yo creo que el Príncipe Alexander nos mira a nosotros, dijo la modernilla. - ¡Anda ya cegata! le contestó la otra. Daniel sonrió. La gente comenzó a gritar de nuevo. Había mucho alboroto delante de donde se encontraban ellos. - ¿Qué sucede ahora? les preguntó Daniel. Las dos chicas se encogieron de hombros. La modernilla volvió a ponerse de puntillas y observó como dos hombres de aspecto serio caminaban entre la gente abriéndose paso. Iban vestidos con trajes negros y camisas blancas. Eran altos, guapos y muy musculados. Los chicos gritaban y suspiraban a su paso. En los oídos llevaban una especie de pinganillos que terminaban en la boca en forma de auricular. - ¡¡Tía!! ¡Qué vienen para acá! gritó cómo loca la modernilla. - ¿Qué hablas? ¿Qué pasa? Yo soy baja, no veo nada tía, solo veo el pelo de la cabeza de ese de ahí delante, menudo pelucón lleva. Daniel estaba comenzando a angustiarse, le recordó la situación a la misma que él había vivido instantes antes con el traidor de su amigo Ernesto. Se tenía que haber marchado ya a casa, comenzó a lamentarse Daniel. - ¡Los guardaespaldas del Príncipe vienen para acá! gritó eufórica la modernilla. - ¡Anda ya! ¡Mira ésta! ¡Qué fantástica ella! A nosotras no nos van a venir a buscar hija ¡Ay qué tontucia eres a veces! Se mofó de ella la tímida que las mataba callando. Daniel se dio cuenta que las dos chicas ni se plantearon que pudiera ser él al que pudieran venir a buscar. Era un invisible para los demás. Cuánto rechazo acumulado llevaba esa noche, por culpa de la maldita discoteca. Más le valía haberse quedado en casa haciendo ganchillo. Los guardaespaldas continuaban abriéndose paso. Se estaban aproximando cada vez más a donde se encontraban Daniel y las dos chicas. Daniel miró hacía la Sala VIP y observó el bulto del Príncipe que seguía allí de pie, mirando a través del cristal a todo lo que estaba aconteciendo ahí fuera en la puerta de la discoteca. Las dos chicas se pusieron delante de Daniel y le taparon. Daniel se quedó de nuevo en último lugar. Por delante de él tenía tantas personas que apenas distinguía la puerta de la discoteca. Los guardaespaldas se detuvieron delante de las chicas que no dejaban de sonreír sin saber qué hacer. Las dos se agarraron de la mano preparadas para acompañar a los guardaespaldas y entrar a la discoteca. - Estamos preparadas para entrar, dijo la modernilla dando un paso adelante y tirando fuerte de su novia que se tambaleó por la fuerza con que le tiró la otra. Los guardaespaldas se cruzaron de brazos y las miraron fijamente. - ¡Apartaros vejestorios! Las dos chicas se miraron ofendidas, no entendían nada. Cada una se hizo hacía un lado y en medio de ellas, detrás, apareció Daniel con la cabeza agachada mirando al suelo. - Hola chaval ¿Todo bien? preguntó el guardaespaldas más guapo y al que más gritaban piropos los chicos de alrededor. Daniel levantó la cabeza tímidamente. Todo el mundo le miraba. La gente había formado un corro a su alrededor. Se moría de vergüenza. - Sí todo bien, repitió sin añadir nada más. - Tenemos algo que decirte... Daniel les prestó atención. No dijo ni mu porque no le salía el habla. Le temblaban las piernas. - El Príncipe Alexander te ha estado observando a través del cristal de la Sala VIP y se ha fijado en que eras la única persona que estabas en el último lugar para entrar. Ha ordenado que te acompañemos a la discoteca y puedas divertirte un poco esta noche y no estés aquí tan solo. Daniel no podía creerse lo que estaba oyendo. Esta vez le salió una lágrima que le rodó por la mejilla pero esta era una lágrima de felicidad, de las pocas que a veces salen en la vida. - ¿Aceptas la propuesta del Príncipe? ✨✨✨✨
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