Las imágenes llegaban a su mente con tanta velocidad que no podía frenarlas, pero tampoco distinguir con claridad de lo que se trataba. Lily no entendía que todo lo que veía, era un sueño. Uno bastante cruel y real. Poco a poco las imágenes empezaron a cobrar sentido. Su sueño se tornó más fácil de entender. Estaba en un cuarto oscuro, con una diminuta ventana que filtraba la tenue luz lunar. Sus extremidades estaban atadas con una especie de soga mágica que emitía una cegadora luz morada. Forcejeó por mucho tiempo para zafarse, pero nunca lo consiguió. Lentamente, una figura humanoide se materializó de la nada. Lily consiguió distinguirlo muy apenas, llevaba una capa que no revelaba ningún aspecto de su físico. —¡Lárgate de aquí! —Gritó la muchacha—. No vas a ganar. ¡Tú no puedes gana

