Harvey y Lily desarrollaron la más ambigua de las relaciones. Se besaban cada que tenían oportunidad, aprovechaban cada momento a solas. Damiel era un alma mañanera, por lo que cuando se iba a dormir, ambos se encerraban en una habitación y se besaban hasta que les dolían los labios y ya no podían respirar. No se detenían a pensar en lo que hacían o porqué lo hacían. Poco les importaba. Sólo eran testigos de la necesidad que tenían el uno por el otro. Los entrenamientos estaban llenos de tensión s****l, cosa que Damiel no tardó en notar, sin embargo, prefirió callarlo. Veía perfectamente las miraditas que se soltaban mientras se batían a duelo. —¿Seguro que tienes que ir? —Gimoteó Lily. Se había vuelto asquerosamente dependiente a Harvey, a cada aspecto de él. Se sentía enferma de am

