El silencio que siguió no fue incómodo, sino casi palpable, como si las palabras hubieran dejado de ser necesarias. Alexa observó el leve parpadeo de la vela, tratando de descifrar lo que estaba sintiendo. Nikolai la miraba, pero esta vez no como alguien buscando una ventaja, sino como si realmente quisiera entenderla para tratarla de la mejor manera que le permitía hacer.
Ella dejó el tenedor sobre el plato con un movimiento suave, consciente de que cualquier gesto parecía amplificado en la quietud de ese salón.
—Eres un hombre complicado, Nikolai. —La frase no era un reproche, sino una observación sincera realizada de su parte.
Nikolai rio por lo bajo, inclinándose hacia atrás en su silla mientras la miraba con diversión.
—Lo tomaré como un cumplido. Aunque, viniendo de ti, podría ser cualquier cosa menos que eso.
—Es un cumplido. —Alexa apoyó los codos sobre la mesa, juntando las manos frente a ella—. Pero también una advertencia. Las complicaciones no suelen ser algo que me atraiga.
—¿No? —Su tono era suave, casi hipnótico. Parecía analizar cada una de sus palabras como si fueran piezas de un rompecabezas que intentaba resolver—. Entonces, ¿qué te atrae, Alexa?
Ella alzó la mirada, sus ojos oscuros encontrándose con los de él. Por un momento, pensó en darle una respuesta cortante, en recordarle que su relación era meramente profesional. Pero algo la detuvo, es como si su misma yo se encargara de decirle que le siguiera el juego, porque de pronto y de él podría servirle de algo. Tal vez era el ambiente, o tal vez era la forma en que Nikolai la estaba mirando, con una mezcla de interés genuino y paciencia. Cosa que nadie más había sentido por ella antes.
—La honestidad, por ejemplo. —Su voz era tranquila, pero sus palabras llevaban un filo sutil—. Me atraen las personas que no juegan con dobles intenciones.
Nikolai asintió lentamente, como si estuviera considerando su respuesta, como sintiéndose conectado con ella.
—Entonces déjame ser honesto contigo. —Su tono se volvió más serio, más íntimo—. Sé que desconfías de mí. Y no voy a pretender que no hay razones para eso. Pero también quiero que sepas que no todo lo que hago tiene un propósito oculto. Hay cosas que simplemente... siento que debo hacer.
Alexa frunció ligeramente el ceño, sorprendida por su confesión. Nikolai parecía diferente en ese momento, más vulnerable de lo que jamás lo había visto desde el primer momento en que lo conoció.
Bien, su hermano le había advertido de que tuviera cuidado con los hombres y que no se dejara persuadir de ellos, porque con palabras bonitas, y tratos agradables, ellos eran capaces de convencer a una mujer de hacer lo que estos quisieran y sin quejas.
—¿Y esta cena? —preguntó, señalando la mesa entre ellos—. ¿Es una de esas cosas que sientes que debías hacer?
—Sí. —No dudó en responder. Se inclinó hacia adelante, apoyando las manos sobre la mesa—. Porque quería conocerte más allá de lo que dejas ver. Porque creo que hay mucho más en ti de lo que los demás ven, y quiero entenderlo.
Las palabras de Nikolai la dejaron sin habla por un momento. Era raro que alguien se dirigiera a ella de esa manera, con una mezcla de admiración y sinceridad que resultaba desarmante.
—No sé qué decir. —Finalmente, admitió, mirando hacia un lado como si buscara tiempo para recuperar el control de la conversación.
—No tienes que decir nada. —Nikolai sonrió, pero esta vez no había arrogancia en su gesto, solo una calidez inesperada—. Solo quiero que sepas que, por esta noche, no hay agenda oculta. Solo somos tú y yo, compartiendo una cena.
Alexa asintió lentamente, permitiéndose bajar un poco la guardia. Había algo en la forma en que Nikolai estaba actuando que la hacía dudar de todo lo que creía saber sobre él.
Pero mientras se permitía disfrutar del momento, una voz en el fondo de su mente le recordó que Nikolai Petrov era todo menos un hombre sencillo. Y aunque su sinceridad parecía genuina, Alexa sabía que no podía permitirse bajar completamente sus defensas. No con él.
—Supongo que puedo aceptar eso... por esta noche. —Sus palabras eran cautelosas, pero su tono llevaba un matiz de rendición.
—Eso es todo lo que pido. —La sonrisa de Nikolai se amplió apenas un poco antes de levantar su copa de nuevo—. Por esta noche.
Alexa chocó su copa contra la de él, consciente de que, aunque las barreras se habían bajado un poco, la partida entre ambos estaba lejos de terminar. Y quizás, justo en ese juego de tensiones, estaba lo que más la intrigaba de Nikolai.
El tintineo de las copas resonó en el salón, pero el silencio volvió a asentarse entre ellos como una presencia palpable, cargado de significados no dichos. Alexa tomó un sorbo de su vino, buscando mantener la compostura mientras su mente trabajaba a toda velocidad. Había algo en Nikolai que la inquietaba, una mezcla peligrosa de vulnerabilidad y peligro que parecía hecha para desarmarla.
Nikolai, por su parte, la observaba como si tratara de memorizar cada detalle de su expresión, cada matiz en el tono de su voz. No era un hombre acostumbrado a ceder terreno, pero había algo en Alexa que lo hacía replantear sus tácticas. Ella no se dejaba impresionar fácilmente, y eso lo fascinaba.
—Sabes, —dijo él, rompiendo el silencio— hay una palabra en ruso, "tocka". No tiene una traducción exacta, pero describe una especie de anhelo profundo, una nostalgia por algo que tal vez nunca has tenido. A veces pienso que esa palabra te describe.
Alexa arqueó una ceja, sorprendida por la sinceridad de su comentario.
—¿Y por qué crees eso? —preguntó, esforzándose por mantener su tono neutral. No quería que él supiera cuánto impacto tenían sus palabras.
—Porque eres una mujer que parece tenerlo todo bajo control, pero detrás de esa fachada hay algo... —Nikolai hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas— algo que parece estar buscando algo más.
—¿Y tú qué sabes sobre lo que busco? —replicó Alexa, su voz más afilada de lo que pretendía.
Nikolai sonrió, como si esperara esa respuesta.
—No lo sé, aún. Pero me gustaría descubrirlo. —Sus palabras eran sencillas, pero la intensidad en su mirada las cargaba de peso.
Por un momento, Alexa no supo qué responder. Había algo en su tono, en su actitud, que hacía difícil creer que estuviera mintiendo. Pero al mismo tiempo, su instinto le gritaba que no bajara la guardia.
—Te gusta jugar con fuego, Nikolai. —Se recostó ligeramente en su silla, tratando de recuperar el control de la conversación—. Pero deberías tener cuidado. Podrías quemarte.
Nikolai rió suavemente, un sonido grave que parecía llenar el espacio entre ellos.
—Y tú deberías tener cuidado también, Alexa. Porque a veces el fuego no solo destruye; también puede forjar cosas nuevas.
El aire entre ellos se cargó de una tensión diferente, más íntima, más peligrosa. Alexa sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no era miedo lo que sentía, sino algo mucho más complicado.
Antes de que pudiera responder, Nikolai se levantó de su silla y rodeó la mesa, acercándose a ella. Alexa no se movió, pero su cuerpo entero estaba en alerta. Cuando él se detuvo a su lado, inclinándose ligeramente para quedar a su altura, su corazón latía con fuerza, aunque su rostro permanecía imperturbable.
—No soy un hombre sencillo, Alexa. —Su voz era apenas un susurro, pero cada palabra parecía resonar en el silencio—. Pero tampoco soy tan complicado como crees.
Ella lo miró fijamente, negándose a apartar la mirada, aunque cada fibra de su ser le decía que estaba entrando en un terreno peligroso.
—Eso está por verse. —Su voz era firme, pero su respiración ligeramente acelerada la traicionaba.
Nikolai sonrió de nuevo, esta vez con algo que se parecía más a una rendición que a un desafío. Se incorporó lentamente, dándole espacio mientras retrocedía hacia su silla.
—Lo está, —admitió— pero te prometo que no me rendiré fácilmente.
Mientras volvía a sentarse, Alexa se dio cuenta de que la partida entre ellos acababa de escalar a un nivel completamente nuevo. Y aunque le daba miedo lo que podría significar, una parte de ella no podía evitar sentirse intrigada por lo que estaba por venir.