En un abrir y cerrar de ojos me encontraba a los hombros del hombre que me estaba desatando y perdí de foco a las personas que estaban en la lejanía. De inmediato sentí como la sangre circulaba por todas mis extremidades, dejándome un incómodo hormigueo que me impedía mover mis piernas sin estar fastidiada, por lo que no lograba liberarme de mi captor al no poder retorcerme en su contra.
Así que comencé a golpear la espalda del sujeto dando fuertes puñetazos aun cuando se me dificultaba pero el hombre de inmediato me arrojó al suelo con tal fuerza que no tuve suficiente tiempo para levantarme. El mismo me levantó tomándome de mi muñeca y me zarandeó lejos de la sombra del árbol, ejerciendo cada vez más fuerza ante mí oposición.
Recuerdo haber gritado en varias ocasiones y haber tratado de liberarme con la ayuda de mi otra mano, lo que desató aún más la furia del docente quién tomó mis dos manos y las juntó sobre mi cabeza con una agilidad que le otorgaba nuestra diferencia de fuerzas.
¡Clash! Todo se tornó n***o sin poder preverlo. El hombre me había cacheteado con suficiente fuerza como para desorientarme levemente y entre tanto, movía mis piernas intentando asestar alguna patada pero era en vano. Cuando abrí mis ojos, pude ver aún con mis manos apresadas, cómo los otros docentes jugaban golpeando a los pequeños sin ninguna clase de piedad. Los chiquillos rebeldes por algún motivo continuaban allí ante la desventaja que tenían y recibiendo una paliza… no, una m*****e fue lo que esos tipos hicieron.
Los niños seguían agrupándose y cambiando de posiciones y estrategias mientras yo me revolcaba y el calor que recibía por el sol de Ariza fuera de la protección de la sombra de aquel árbol, hacía qué mis manos sudaban como todo mi cuerpo también, pero estas que se hallaban capturadas entre las manos de un docente se iban resbalando lentamente, por lo que deje de ejercer la fuerza por unos segundos, cerré los ojos y tomando una respiración profunda saqué mis manos de un solo tirón de entre las manos de mi captor.
Me dirigí con valor hacia dónde estaban maltratando a los pequeños e inicié un forcejeo para liberarlos, empujando a los niños o jalándolos para arrebatárselos de las garras a los tipos. Y cuando sentí que el sujeto de antes volvía a tomarme, esta vez de la cadera sacándome del conflicto; salí corriendo lo más rápido qué mis tacones y mi ropa me permitían. Fui en dirección al instituto recorriendo el camino que había hecho algunos minutos atrás, con una marcha torpe por el cansancio del sofoco por el sol sobre mí envuelta en telas.
En ese momento se escuchó un silbido un poco ensordecedor que parecía ser de un ave o quizás de algún silbato especial. Cuándo sentí que había avanzado lo suficiente me volteé para revisar que había sido aquel sonido y para darme cuenta que solo el hombre que me había desatado venía atrás de mí.
Nuevamente divisé algunas sombras rápidas merodeando en torno al conflicto y noté que varios de los niños corrían en dirección hacia ellos mientras los otros dos tipos continuaban golpeándoles hasta dejar el suelo con algunas salpicaduras de sangre. De inmediato grité
— ¡Malditos cobardes! Dejen en paz a esas criaturas y métanse con un monstruo de su tamaño.
Los hombres que continuaban examinando el origen del sonido y aquellos personajes que ayudaban a los pequeños vándalos, se giraron para verme y mientras emprendía de nuevo el trote les grité — Aquí hay una sucia mujer venciendo a tres hombres —y ya con voz agitada y un volumen con el que seguro no me oyeron dije “me saldré con la mía” sirviéndome más de automotivación qué de insulto.
Terminé mis provocaciones y deje que mi cuerpo disminuyera de a pocos la velocidad a la que iba para que los sujetos pudieran alcanzarme y darles más chance a los chiquillos de huir. Aunque debo admitir que de haber querido triunfar probablemente no lo hubiese logrado. No tardó mucho que los hombres me tomarán tacleándome contra al suelo y agarrándome con las manos en la espalda como en un procedimiento policial.
Caminando entonces con dificultad debido a la cantidad de jalonazos a los que sometían mi cuerpo, intenté mirar hacia atrás para conocer el destino final de los pequeños. ¡Clash! Recibió mi cara un nuevo castigo viendo nada más que siluetas alejándose hacia el lado opuesto que nosotros.
En cuestión de minutos estaba de regreso entre los muros del instituto. Me llevaban como un bulto sobre un hombro a través de los vacíos pasillos de la institución que parecía conspirar en mi contra al haber silenciado cualquier testigo de mi huida, de la cual en últimas se hablaría muy poco con miras a no ensuciar la reputación del lugar.
Me llevaron hasta un salón como cualquier otro, con los pupitres acomodados en filas y columnas perfectas, me lanzaron allí y cerraron la puerta. Me levanté e incorporé un poco, me quité el suéter debido al calor aunque allí ya era un poco más fresco, pues la lana mantenía mi cuerpo en constante sofoco.
En cuestión de segundos entre mi profesor de cabecera con una mirada macabra o quizás una con sed de venganza. No mediamos palabra y ya sabía que iba a tener una reprimenda física, pero me sentía ya algo agotada para pensar en una huida. A medida que el hombre se acercaba lloraba pasos en reversa hasta chocar contra el escritorio del docente.
Fue lento pero como una coreografía, ambos sabíamos que movimientos hacer. Levantó su mano al verme atrapada y sin salida y dirigió con todas sus fuerzas su palma contra mi cara haciendo girar mi cuerpo completamente al lado opuesto debido al golpe, sin que yo lograra esquivarlo. Caí al suelo desequilibrada con mi mejilla ardiendo como si hubiera sido expuesta al fuego y los huesos de mi mandíbula dolían por ser ya la segunda o tercera cachetada de la mañana.
Cuando regresé mi vista hacia el aún en el suelo vi que tenía su cinturón en la mano en ese momento un escalofrío recorrió mi cuerpo al predecir el dolor que iba a sentir. Mi cuerpo se paralizó, vi lentamente como levantaba su mano y giré la cabeza hacia el suelo cubriendo mis oídos con mis manos y cerrando los ojos; todo era como para obtener una simulación de que no estaba allí. Tomé aire y aguantando la respiración…