La condujo hasta el sofá y la apoyó sobre el respaldo. El cabello de Jean volvió a caerle sobre la cara, casi enterrado en los cojines del respaldo. "¡Abre las piernas, zorra!", le ordenó Hank mientras le separaba los pies con un pie. Jean le separó un poco las piernas. "¡Más!", Hank siguió separándole los pies con suavidad hasta que los separó tanto que su cuerpo quedó apoyado en el respaldo del sofá. Jean gruñó al sentir el peso de su cuerpo presionando su diafragma, dificultándole la respiración. Hank le puso una mano en la parte baja de la espalda, aunque no era necesario sujetarla, mientras con la otra se metía la polla. Luego frotó la cabeza de su polla de arriba abajo por su raja, centrando la mayor parte de su atención en su clítoris hinchado. Su coño estaba tan húmedo que no habí

