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Deseo Prohibido

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Blurb

Jean vive en la sombra de un matrimonio que la consume, donde su esposo, Ed, la desprecia y humilla a diario. La indiferencia de Ed no solo ha fracturado su corazón, sino que ha encendido en ella una frustración s****l que arde con cada día de abstinencia. Su cuerpo, sediento de afecto y pasión, la lleva al límite de la desesperación.En medio de este desierto emocional, un oasis inesperado aparece en la figura de Hank, su compañero de trabajo. Con cada mirada, Hank despierta en Jean un fuego que ella creía extinto, una chispa que promete convertirse en un incendio incontrolable. Él, sintiendo la misma conexión magnética, le lanza una propuesta audaz y arriesgada: la llave de su casa. Si Jean cruza ese umbral esta noche, se convertirá en su amante, y juntos, darán rienda suelta a la ardiente pasión que los consume.Ahora, Jean se encuentra en una encrucijada crucial. ¿Volverá a la gélida celda de su matrimonio roto, o cederá al tentador llamado de un deseo prohibido que podría liberarla… o destruirla? La llave en su mano es la promesa de una noche de éxtasis, pero también el símbolo de una elección que cambiará su vida para siempre.

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Capítulo 1
Jean se dio la vuelta y golpeó el despertador mientras este la despertaba. Miró a su marido, Ed, que seguía roncando a su lado, y se preguntó cómo había dejado que su vida llegara a ese punto. Deslizó la mano bajo las sábanas y entre sus piernas. Sus dedos comenzaron a acariciar su clítoris palpitante mientras fantaseaba con el hombre que quería sentir tomando su cuerpo y usándolo para su placer. Su cuerpo se estremeció al correrse en silencio, imaginando una polla penetrando su coño en lugar de sus dedos. Miró al bulto humano que yacía a su lado y resopló con asco, luego se levantó de la cama para prepararse para el día. Era viernes. Solo iba a ser medio día en la oficina. Todos salían al mediodía para prepararse para la cena corporativa de esa noche en el Radisson. Jean sonrió para sí misma mientras pensaba qué se pondría. Se había comprado un vestido nuevo solo para la ocasión. Algo que sabía que su jefe aprobaría. Había conocido a Ed en la universidad, y como suele ocurrir con muchos romances universitarios, él la había conquistado perdidamente presentándose como algo que no era. Después de casarse, Jean suspendió su carrera como asistente legal cuando empezaron a nacer los niños. Casi desde el principio, Jean supo que había cometido un error al casarse con Ed. Cuanto más tiempo permanecía con él, peor se ponía. Era un cerdo abusivo, controlador y egoísta que creía que el mundo entero giraba en torno a él y a su opinión. Nunca había abusado físicamente de Jean. Su abuso era más emocional y manipulador. La única razón por la que ella seguía casada era por sus hijos. Pero cuanto más tiempo permanecía, menos se valoraba. Jean se convirtió en ama de casa hasta que sus dos hijos, Mike y Sally, tuvieron la edad suficiente para irse a la universidad. Después de que se fueran de casa, Jean desempolvó sus trajes y comenzó a buscar trabajo. Al principio, le dio un poco de miedo. Su autoestima había sido sistemáticamente destrozada por su esposo a lo largo de los años. Ahora, al enfrentarse a la intimidante tarea de reincorporarse al mercado laboral, no sabía si podría lograrlo. Pero con la ayuda de algunos amigos y el apoyo de Mike, Jean salió de la seguridad de su casa y comenzó a enviar currículums y a ir a entrevistas. Jean tenía el pelo castaño rojizo, con apenas algunas canas que empezaban a asomar a los 45 años. Había engordado un par de kilos con los años, pero lo llevaba bien y seguía llamando la atención de muchos hombres. Sus piernas seguían torneadas, ansiosas por rodearlas mientras un hombre la montaba. Sus pechos eran ligeramente caídos, pero eso era de esperar tratándose de unas DD. Su hijo bromeaba con ella en el instituto diciendo que sus amigos pensaban que era una MILF. El cumplido siempre llegaba cuando Mike sabía que lo necesitaba. Y Jean siempre lo agradecía. A los 40 años, Jean fue contratada por el bufete de abogados Simon & Simon. Era un importante bufete de Chicago que se dedicaba principalmente al derecho corporativo. Jean recuperó la formación universitaria tan pronto como se integró a su nueva familia en la oficina. Casi dos años después de contratarla, el bufete contrató a una nueva abogada que cambiaría su vida para siempre. Hank había entrado directamente del instituto al ejército. Cumplió tres períodos de servicio en Irak, distinguiéndose por su valentía y liderazgo. Fue en su tercer período cuando su unidad sufrió una emboscada y Hank resultó herido. No fue lo suficientemente grave como para incapacitarlo de por vida, pero sí lo suficiente como para poner fin a su carrera militar. Tras recuperarse de sus heridas, Hank tardó un par de años en decidir qué quería hacer con su vida. Finalmente, fue a la universidad para obtener un título en Derecho, con el Tío Sam pagando la mayor parte. Nunca se casó, pues no tenía tiempo para una relación. Dos de las cosas que sí conservó de su tiempo en el ejército fueron el contacto con sus compañeros con los que había servido y el acondicionamiento físico que el ejército le había inculcado. Había visto a demasiados tipos descuidarse al salir, y se juró a sí mismo que no iba a permitir que eso le sucediera. A los 33 años, Hank fue contratado por el bufete de abogados Simon & Simon. Rápidamente demostró la misma tenacidad y espíritu de lucha por los clientes que le asignaban, como lo hizo en Irak. Tras solo un año y medio en el bufete, le asignaron a Jean como su asistente personal y asistente legal. Su amistad, tanto profesional como personal, creció lentamente, como era de esperar de dos personas que trabajan juntas y pasan más tiempo juntas que con sus familias. Su amistad comenzó de forma profesional e inocente, pero pronto se desarrollaron bromas y piropos. Cada una se encontraba atractiva y se elogiaba excesivamente. Había días en que ninguna podía apartar la vista de la otra. La tensión s****l entre ellas era tan intensa que se podía cortar con un cuchillo. Eran lo suficientemente discretos como para mantener sus bromas y piropos entre ellas. Pero, como suele ocurrir en la mayoría de los entornos corporativos, este tipo de cosas son imposibles de mantener ocultas indefinidamente. Sobre todo en el mundo de las secretarias. Jean salió del ascensor al piso de sus oficinas corporativas. Saludó a varios de sus compañeros de trabajo mientras caminaba por el pasillo hacia las oficinas de Hank y las suyas. Al entrar a su oficina exterior, la recibió la cara sonriente de Hank, sentado en su escritorio leyendo algunas declaraciones juradas de su caso actual. El coño de Jean se estremeció al ver su sonrisa. Él sabía cómo cautivarla, y ella también lo sabía, pero no le importó. Su amabilidad y preocupación por ella como mujer y su amiga eran genuinas. Llevaban trabajando juntos casi dos años. Ambos habían hecho todo lo posible por mantener sus bromas y coqueteos en eso. Pero ambos sabían que su tregua tácita estaba a punto de llegar a su fin. Había una diferencia de edad de diez años entre ellos. Pero a ninguno le importó. —¡Buenos días, Jean!—, dijo Hank con una gran sonrisa. —¡Qué bien te ves esta mañana! Jean absorbió el cumplido como una mujer muerta de sed. Y lo que hacía que los cumplidos de Hank hacia ella fueran aún más embriagadores para ella era que sabía que eran genuinos. Hank no era un hombre que lanzara cumplidos sin sentido para conseguir lo que quería. Cuanto más trabajaba con este hombre, más veía que era todo lo que su marido no era. Hank era todo un hombre. Cuando entraba en una habitación, su presencia parecía llenarla. Todos se fijaban en él. No era la arrogancia que la mayoría de los hombres en su posición exhiben. Era la confianza que le daban las experiencias de la vida y la certeza de quién era y de lo que era capaz de hacer. —¡Buenos días, Hank!— Jean le devolvió la sonrisa. Su coño se contrajo de nuevo al verlo observarla de pies a cabeza. —¡Gracias! —¿Eso es lo que vas a llevar a la cena de esta noche?—preguntó mientras sus ojos se posaban en su pecho que intentaba atravesar su blusa. Jean se sonrojó cuando Hank la desvistió con la mirada. Incluso después de tanto tiempo de bromas y coqueteos, Hank aún podía hacerla sonrojar con su forma de mirarla a veces. —¡Ay, no! ¡Me compré un vestido nuevo solo para esta noche!— Los ojos de Hank se iluminaron. —De hecho...—Jean dudó, sin saber si debía decir lo que estaba a punto de decir. —¡Lo compré solo para ti! Hank se recostó en su silla mientras su sonrisa se ensanchaba. Ella había comprado un vestido para impresionarlo. Sabía que era hora de llevar su relación al siguiente nivel. —¿Ese c*****o al que llamas marido va a estar allí?— Jean le había contado sobre su historia matrimonial durante los meses que llevaban trabajando juntos. Hank nunca lo había conocido. Pero sabía que lo único que tendrían en común sería Jean. ¡Me temo que sí! La invitación de la empresa se envió a todos los empleados y sus cónyuges. Así que no podía decirle que no era bienvenido. —Claro que sí. ¡Dile a ese imbécil que vas a pasar la noche con tu jefe! —dijo Hank con una sonrisa burlona.

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