Sobre las 11:30, Jean asomó la cabeza por la puerta de su oficina y le dijo: "Denise y yo vamos a almorzar. ¿Quieres que te traiga algo?". Hank levantó la vista del trabajo con cara de "¿Qué demonios?". "¿Otra vez van a almorzar?". Jean rió entre dientes: "¡Sí, lo somos! ¡Y pronto lo descubrirás! Ahora, ¿quieres que te traiga algo?" ¡No, gracias! Nunca me ha entrado el apetito estando sentado en un escritorio todo el día. Pero gracias. ¡Disfruta tu almuerzo! "¡Oh, lo haremos!", rió Jean mientras se daba la vuelta para salir de la oficina. Hank sabía que algo pasaba, y lo molestaría hasta que supiera qué era. Desde que Jean aceptó su rol como sumisa, Hank había decidido que no iba a convertirse en uno de esos tipos que tenían que dominar cada aspecto de la vida de su perra. Tal vez eso

