Capítulo 1: El inicio de un sueño. 

1577 Words
Narra Emily —Señor Eduardo, buenos días ¿Qué desea ordenar? —le pregunto a mi cliente más habitual. —Emily, que gusto verte, pensé que hoy no estaría aquí. —Todos los días señor Eduardo, todos los días me verá aquí. —Oh, pensé que hoy era tu ceremonia de graduación. —Lo es, pero recibiré mi título por ventanilla, más tarde cuando salga de mi turno, iré a recogerlo. —Te felicito Emi, tu madre debe estar muy orgullosa de ti. sonrío por sus palabras, realmente lo está. —Dígame, ¿ordenará lo mismo de siempre? —Sí, ya me conoces. Llevo siete años trabajando en un pequeño restaurante ubicado en el centro de mi ciudad, Bogotá, la capital de Colombia. Aquí me dieron la oportunidad de trabajar, de tener espacios para hacer mis trabajos e incluso de ir por las noches a mis clases de ingeniería tecnológica. Estoy tan agradecida con los señores Rodríguez, no puedo creer que ya haya pasado tanto tiempo y que hoy por fin puedo ir a buscar mi título. Quise estar en la ceremonia, estaba emocionada por usar mi toga y mi birrete, pero no puedo costear un derecho a grado y un vestido para la ocasión. Espero que todo mi esfuerzo y mis sacrificios sigan valiendo la pena para sumar más éxitos en mi vida. —¡Lista la orden! —gritan desde el interior de la cocina. Voy por el desayuno americano que pide cada día mi cliente más antiguo, cuando abro las puertas de la cocina, siento que alguien me abraza por la espalda y tapa mis ojos con fuerza. No pude evitar sentirme nerviosa, quise gritar al imaginar algo grave, pero escuchar algunas risas y voces, me hacen calmar. —¡Felicidades! El auxiliar de cocina quita su mano y observo la sorpresa más hermosa, los señores Rodríguez y los empleados del restaurante, tenían un pastel y globos. —Hoy debemos decirle ingeniera, nada de Emily o camarera, es ingeniera. Mi jefe me entrega la torta y tiene un pequeño birrete como decoración. —¡Oh, gracias! No saben cuánto significa esto para mí. —Esperamos que la vida te llene de más éxitos y triunfos, felicidades, Emy. Mis ojos se aguan un poco, respiro hondo para evitar hacer un show melancólico. El día que pueda encontrar un buen empleo, los invitaré a todos a comer en un restaurante de cinco estrellas, creo que los voy a extrañar demasiado. En medio de aplausos y de buenos deseos, terminamos el pequeño agasajo. Al final del servicio, me da permiso para ir a mi universidad por mi título, mi madre no pudo acompañarme, estos días no se siente bien; pero un amigo me acompañará. —¡Hey! Creí que ya estabas lista —dice Jhonatan irrumpiendo en las instalaciones del restaurante. —Oye, deja de entrar como perro por su casa, me pueden regañar. —No pasa nada, tus jefes me aman. Mira, hasta me guardaron un trozo de pastel, lo que tú no hiciste, según eres mi mejor amiga. Conozco a Jhonatan desde hace muchos años, él al igual que yo, creció en condiciones complejas. Muchas veces me ayudó con mis obligaciones aquí en el restaurante cuando estaba llena de compromisos de la universidad. —Ahora si estoy lista —digo acomodando mi cabello. —Te ves hermosa. —No es para tanto, solo es un vestido. Por cierto, no puedo dañarlo, es de la hija de mis jefes. Con delicadeza me lo acomodo, no es que sea muy elegante, pero al final es ajeno, no quiero tener que comprarlo nuevo. —El color blanco te queda muy bonito. —Lo sé, casi todos los colores le favorecen a mi piel trigueña. Mírame, soy un tono canelita Hollywood —menciono en tono de burla. Me pongo en puntas de pie para mirarme en el espejo, está un poco alto. El vestido me queda a la altura de las rodillas, es holgado y tiene mangas cortas, tuve que acompañarlo con una chaqueta estilo blazer y medias veladas —hace un poco de frio— unas zapatillas negras y una coleta alta. —Démonos prisa. Todos me desearon suerte, me anima mucho saber que hay personas que se alegran por mí. Fui junto a mi amigo a la estación de bus, esperamos la ruta que nos lleva cerca a la universidad. —Tengo algo para ti —dice Jhonatan—. Es algo que quería darte desde hace mucho, pero ayer me pagaron en la papelería y… —No, sea lo que sea, no lo voy a recibir. Sé que él le cuesta un poco ganar dinero, los pesos que gana se los gasta en su familia y en arriendo, no puedo recibirle un regalo. —Tienes que hacerlo, me pondré triste si lo rechazas. Jhonatan saca de su chaqueta una pequeña cajita de color n***o, me la entrega y observa mi cara para admirar mi reacción. Al abrirla me quedo perpleja. —No puedo recibirlo. Era un delgado collar de plata, que tenía como dije la inicial de mi nombre. —Quería que fuera de oro, pero esta vez no puedo comprarla, espero que algún día pueda darte algo más costoso. —Jhonatan, yo… El chico saca el collar de la caja y me rodea con sus brazos, nunca había sentido nervios o mucho menos tensión con él; es mi amigo, no pensé que existiera forma de experimentar algo así y menos por él. —Gracias —respondo mirándolo a los ojos. Ambos hicimos conexión, el tiempo se detuvo a nuestro alrededor, era como si el bus estuviera vacío. —Universidad Nacional de Bogotá —dice el conductor deteniendo el vehículo. Ambos despertamos del trance en el que estábamos, nos separamos apenados y disimulamos lo que pasó. Al entrar a la universidad, siento melancolía. —El tiempo pasa muy rápido —digo con voz entrecortada. —Estoy muy orgulloso de ti, te admiro demasiado. La mano de Jhonatan se acerca a la mía, nuestros dedos se rozan y no comprendo porque siento la necesidad de agarrarlo. Quito mi mano y la guardo dentro de los bolsillos de mi chaqueta. Nos dirigimos hasta un auditorio, allí estaba el decano de mi facultad esperando por mí. El hombre me da un abrazo y me entrega mi título, fue emocionante tener algo por lo que tanto me esforcé en las manos. —Hiciste un trabajo increíble, te felicito Emily. —Muchas gracias. Más demoré en llegar al lugar, porque solo tardé cinco minutos en recibir el papel que me certificaba como una profesional. —Ahora, iremos por algo más —suelta Jhonatan de repente. —No, ya no más regalos, no tendré después como pagarte todo. —No tienes que pagarme nada, lo hago con todo el cariño. Lo miro con una expresión de confusión. —¿Qué pasa contigo? ¿desde cuando actuad con tanto cariñito? —Desde hoy. Jhonatan me toma de la mano, caminamos así un par de calles hasta acercarnos a un restaurante italiano al que siempre quise ir. —No, no entremos ¿es broma? —Vamos —dice tomándome del brazo—. Hice una reserva, entremos. Sorprendida por todo lo que hace, camino embobada hasta el interior del restaurante al que siempre quise entrar. Es un poco costoso por lo que prefería gastar ese dinero en otras cosas. —¿Por qué haces esto? —pregunto confundida. —Porque te lo mereces, sé cuanto esperaste por este día y quise hacerlo especial. A la hora de pedir, ordené lo más económico, no quiero gaste más de lo que debe. —¿Quieres tomar agua? ¿Es enserio? —Si, es que estoy haciendo dieta, acompañaré las pastas con agua. La cena fue tranquila, aunque por dentro temía que fueran a cobrarnos la respiración. Al final de la cena salimos, fue poco lo que conversamos porque un ambiente incomodo se tornó entre los dos, fue extraño porque siempre tenemos de que hablar, pero esta vez había algo diferente; algo especial. Media hora más tarde caminamos en silencio, por varias calles lo seguí, pensando que íbamos hasta la estación; cuando me percato que no es el camino que debíamos seguir, me detengo. —Espera, nos equivocamos de calle. —No, vamos por el camino indicado. —Jhony, la estación está del otro lado —menciono señalando el lado opuesto. —No vamos a la estación, vamos hasta la fuente. —¿Para la fuente? ¿Qué haremos? Regresemos, se hará más tarde, mañana debemos tra… —Emily, quería hablarte de algo. Jhonatan da un par de pasos hasta mi y toma mi mano. —¿Qué pasa? —Nada, solo que me enamoré de ti, eso pasa. —Ya, deja de bromear —digo con una sonrisa—. ¿Por qué no te ríes? Mi cara de divertida se borra, lo conozco como la palma de mi mano y parece que habla en serio. Jhonatan pone su mano en mi mejilla, debo levantar mi cabeza porque es más alto que yo. Sus ojos están enfocados en mis labios, luego, nuestras miradas se conectan y siento que mi corazón se acelera. Trago la saliva que se acumula en boca, por alguna razón quiero que haga lo que sea que esté pensando. Su rostro se ladea un poco para encajar nuestras bocas, cierro mis ojos y siento como sus labios carnosos se posan sobre los míos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD