Narra Emily
Desde ese día, me había convencido de que toda mi vida por fin daría un giro. Sentí que por fin aquello por lo que había trabajado y esforzado, daría los frutos. En mi cabeza ya me veía realizada, ya me sentía a solo un paso de la meta. Lastimosamente solo eran sueños y soñar no cuesta nada.
Han pasado dos años desde aquel momento que tuve en mis manos un pedazo de papel que pensé cambiaría mi destino, he llegado a sentirme deprimida, decepcionada y hasta arrepentida por desgastarme de una forma tan inexplicable por algo que no me ha dado nada, no me ha dado lo que esperaba. Por días estuve tocando puertas, buscando alternativas en medio de una situación compleja en mi país, no solo soy yo, no solo mis sueños están frustrados, somos muchos los que anhelamos encontrar esa oportunidad de trabajo que puede cambiarnos la vida.
—Quita esa cara, no me gusta verte de esa manera —dice Jhonatan.
—Mi amor, de verdad lamento que tengas que verme de esta forma.
Jhonatan y yo nos hicimos novios, él ha sido alguien realmente importante, me alienta y se preocupa por mí.
—No tienes que lamentar nada, es normal que algunas veces no nos sintamos conformes con las cosas que pasan en nuestra vida. Trata de enfocarte en lo que es importante, ahora estamos juntos y nos seguiremos apoyando, eso importan. No te afanes, lo que es para ti llegará pronto.
—Gracias por estar en mi vida, solo en ti puedo apoyarme cuando me siento así —suspiro y le doy un abrazo.
Tengo días en los que no soy yo, días en los que me permito esto, quejarme y frustrarme, días en los que me permito desahogarme y hablar de todo aquello que siento que me perturba. Antes no dejaba salir esas emociones, pero me lo permito porque ahora es sano para mí.
—Cuando tu y yo vivamos juntos, no tendrás que preocuparte por nada. No me gustaría que tengas que pensar en compromisos o deudas porque yo me haré cargo, podrás dedicarte a nuestro hogar y a nuestros hijos.
Sonrío por la manera tan linda en la que planea mi vida, pero no espero quedarme en casa, espero también ser de apoyo.
—Juntos trabajaremos, juntos creceros y cuidaremos de nuestro hogar.
—No, la verdad en mis planes tengo algo diferente para nosotros; por eso no me gusta verte así de deprimida. Seamos pacientes, démosle tiempo al tiempo, cada cosa se acomodará a favor de nosotros ya lo verás.
—Gracias por acompañarme.
Durante la tarde estuve en casa, hoy fue mi día de descanso en el restaurante por lo que aproveché para volver a postularme en algunas ofertas y concursos de méritos, pero al final del día, todo es como siempre, no tengo los resultados que quiero. En medio de mi depresión, decidí quedarme en casa y descansar, Jhonatan llegó antes de su trabajo en la papelería solo para estar conmigo.
—¿Tu padre no se molestará porque estás aquí?
El padre de mi novio es dueño de una pequeña papelería, no ha sido el más feliz por su nuestro noviazgo, cree que ya tengo suficiente con sobrevivir y que su hijo se haya fijado en alguien con mis condiciones, no fue de su agrado.
—No te preocupes —responde rodeándome con sus brazos.
Me reconforta sentir el calor de su cuerpo, él me da un beso en la mejilla y luego otro en mis labios; cierro mis ojos y me dejo llevar, me gusta que sus manos me acaricien —son las únicas manos que me han tocado.
—Espera, mi mamá puede llegar en cualquier momento, no quisiera que se encuentre con alguna sorpresa.
—Será rápido, lo prometo.
—No, esperemos otro momento, en cualquier instante llegará tú suegra y podría sacarte de la casa a escobazos donde te vea encima de mí desnudo.
Jhonatan me toma de los brazos con fuerza, me empuja hacia atrás haciendo que pegue mi espalda a la pared.
—Cariño, espera —le digo en medio de una sonrisa.
—Será rápido.
El hombre pasa sus manos por encima de mi cabeza y las sostiene con fuerza.
—Siempre serás el amor de mi vida, tú me perteneces. Eres mía Emily, mía.
Sus palabras me remueven las entrañas.
—Emily, ¿ya estas en casa?
Escuchamos la voz de mi madre y él se separa de mí, nos acomodamos uno al lado del otro disimulando el momento de calentura.
—Mami, llegaste muy rápido ¿Cómo te fue?
—Bien, siento que ya me voy adaptando.
Mi madre ha sido una mujer valiente, más de lo que ella misma imagina. Sola ha podido sacarme adelante, pues mi padre simplemente desapareció de nuestras vidas cuando solo era una bebé. Nunca he preguntado nada al respecto, porque a mi madre le afecta demasiado. He tenido que ser testigo del sufrimiento que aun tiene, del abandono que aun no supera y que la lleva a tener esas inseguridades que la estancan y la llenan de depresión. Eso mismo es lo que me impulsa, lo que me hace querer ser grande y exitosa para que se dé cuenta que, si pudimos solas, que no nos quedó grande, que era posible lograrlo; si tan solo pudiera encontrar la manera de… ¡Ja! Algún día, algún día llegará mi momento.
—Oh, eso es bueno. ¿Cómo te tratan?
—Bien, los Vélez son amables conmigo.
Mi madre empezó a trabajar en casa de una familia, para ayudar con las actividades domésticas.
Al otro día vuelvo a mi realidad, me levanto muy temprano para llegar al restaurante. Estos días las propinas han sido buenas, con eso compraré un nuevo móvil, el mío está muy dañado, su pantalla está tan quebrada y ya no alcanzo a ver nada.
—Emi, ¿Cómo estás? No sabes por cuanto estuve aquí esperándote, casi que te he llamado con el pensamiento.
Manuel estaba algo ansioso.
—¿Pasa algo?
—Sí, es que necesito que me hagas un favor, solo tu puedes ayudarme.
—¿Qué necesitas?
—Que me cubras ahora en la mañana, tengo un examen importante en mi universidad y de verdad necesito estar.
—Claro, eso no es problema.
—¡Vaya! Siempre me salvas la patria, te debo miles.
El chico sale corriendo, de solo verlo recuerdo cuando también estaba en esas andanzas; me motiva ver a las personas que quieren superarse, ojalá su suerte sea mucho mejor que la mía.
Esa mañana tuve más trabajo, pues Manuel se encarga de lavar toda la loza, trabajo que hice por él.
—Emi, ¡Aquí estás! —llega Doris a la cocina—. Mira, tengo el dinero que me prestaste, muchas gracias, logré comprarle el medicamento a mi madre.
Hace unos días Dori tuvo una emergencia con su madre, pues enfermó de manera repentina. Le presté el dinero de mi transporte, tuve que caminar para ir a casa durante el resto de la semana; lo vi como ejercicio.
—Oh, no agradezcas, lo hice con gusto.
—Te debo muchas, Emi.
Por la tarde en mi receso, quedo de verme con Jhonatan, me dijo que traería una dona para mí. Me quedo en la terraza estirando mis piernas y brazos, ha sido un día pesado.
—¡Emily! ¡Gané mi examen! —grita Manuel como loco.
El chico me toma de la cintura y me abraza con furor.
—¡Que bien!
—Muchas gracias por cubrirme, casi que no logro llegar.
El chico emocionado les muestra su examen a todos, hace un gran escándalo, siempre se hace sentir.
—¡Emily!
Miro hacia un lado y veo a mi novio parado en la calle, le sonrío con amplitud y salgo a encontrarlo.
—Cariño, por fin llegas, tenia muchas ganas de abrazarte y de darte un be…
Me pongo de puntas de pie para besarlo, pero este hace su cara a un lado.
—¿Quién es ese hombre? ¿Por qué tenia que abrazarte de esa manera?
—Oh, es Manuel, lleva un mes en el restaurante.
—¿Por qué no sabía de él? No lo había visto antes, ¿tienes algo con ese tipo?
Pensé que era una broma.
—Mi amor, no me digas que estás celoso —comento abrazándolo y sonriéndole.
—No me toques con esas sucias manos.
Jhonatan me aleja de él con brusquedad. Su semblante me hace entender que me habla con seriedad.
—Cariño, es el chico que ayuda con la limpieza en la cocina, me abrazó porque está feliz; acaba de ganar un examen y por eso actúa como loco ¿Por qué piensas que tengo algo con él? ¿dudas de mí? ¿tienes dudas de mi amor?
—¡Emily! —grita Manuel desde la terraza—. ¡El jefe dijo que enmarcaría mi examen y lo colgaría en la entrada!
Atrás de el todos celebran su manera tan eufórica de festejar.
Observo a Jhonatan y este parece apenado.
—Lo siento mi amor, lamento si te ofendí es que de solo pensar en que… ¡Ash! Lamento alejarte así, ¿te lastimé?
El hombre me toma de la mano y me pega a su cuerpo.
—No quiero que lo nuestro se acabe, me muero si ya no estamos juntos.
—Jhony, no iré a ningún lado, estaremos juntos por siempre.
Escucho las voces de varios de mis compañeros, me doy la vuelta y los veo salir del restaurante.
—Emi, el jefe nos dio dinero para ir por michelada, celebraremos por cinco minutos el triunfo de nuestro Manuel; vamos, trae a tu novio —dice Dory mostrando los billetes en el aire.
—No quiero ir —dice mi novio en voz baja.
Lo observo y entiendo que quizás se sienta incómodo por lo que acaba de pasar.
—Bien, entonces no tardaré…
—Pero no quiero que me dejes aquí solo, vine de mi trabajo para estar contigo.
Miro a Dory y le hago una seña con mi mano para que se vayan sin mí.
—Gracias por siempre hacerme feliz —menciona abrazándome.
Quise ir con mis compañeros, pero no sería justo con Jhony, en otro momento los acompañaré.