Aiden
¡¿En serio?!
¿En serio aquella chica que traté de seducir hacía tiempo atrás ahora resultaba ser quién me había sacado del primer puesto?
Mía de la Rosa no dejaba de regalar sonrisas, firmas y muchas fotografías a las numerosas lectoras que hacían fila para poder conocerla, su rostro brillaba con cada halago o regalo que recibe por quienes no dejan de chillar de la emoción al tenerla al frente, lo que hace que, sin ninguna duda, mi estómago se encoja ante la molestia que siento de saber que esa niña con su estúpida novela rosa, ha logrado sacarme de mi preciado primer lugar.
—¿Qué es lo que miras tanto, querido? —pregunta Leah al acercarse a mí, mientras le regreso un libro firmado a una chica que se detiene a mi lado para sacar una selfie.
Finjo sonreír y disfrutar del momento, pero, lo cierto era que estaba asqueado y solo quería irme a un bar a tomar unos tragos. Jamás había sido de firmas, de hecho, era del tipo de ermitaño que no solía disfrutar de la atención de la gente.
—Así que esa es la tal Rose Mary —señalo a la rubia ubicada a un costado de mí, a lo que mi agente asiente con la cabeza.
—Y es más simpática que tú, por lo que, está ganando puntos, así que, más te vale que te esfuerces más y finjas que la estás pasando bien —advierte al mirarme con el ceño fruncido.
Inflo los cachetes y suelto el aire con lentitud, a la vez de que asiento con la cabeza, mentalizándome una vez más, que debía de demostrarle quién era el mejor en este mundo literario.
La firma de libros se me hizo eterna, y sentía que el maldito reloj no avanzaba mientras intentaba fingir que estaba cómodo en aquel lugar escuchando como las lectoras me repetían mil veces cuánto habían llorado con mi último libro.
—Vamos, Aiden —susurra Leah a mi lado, haciéndome dar cuenta que ya debíamos abandonar el recinto.
Al salir no pude evitar notar que esa chica no dejaba de regalar fotografías y firmas ni siquiera a la salida del lugar, donde se encontraba con numerosas personas que aún querían hablarle, lo que sin duda alguna, comenzaba a hartarme.
Me detengo al lado de mi auto, prestándole atención a las sonrisas genuinas y los agradecimientos que ofrecía a los demás, a la vez de que frotaba sus dedos, probablemente ante el dolor que le ocasionó firmar tantos libros.
—Eso sí que es un golpe de suerte —murmuro en voz alta con la única intención de que pueda escucharme, algo que, al ver su expresión, me doy cuenta de que lo he conseguido—, escribir una ridícula novela rosa que se vuelve popular, al punto de lograr que muchas personas te sigan por ello —me rio con sarcasmo, ganándome una mirada de odio de su parte—, joder, si es que me imagino que el cliché abunda en cada página, si es ahí donde nos damos cuenta lo mucho que la literatura simple, sigue encantando a la gente.
—¿Tienes algún problema conmigo? —refuta Rose Mary al fruncir el ceño—, ¿Te he molestado en algo para que ahora vengas a hablar mal de mí trabajo?
—¿Trabajo? ¿Llamas a eso trabajo?
—Aiden, basta —advierte Leah al detenerse a mi lado—, deja de fastidiar a la chica, que estás logrando hacer un espectáculo.
—Deberías de escucharla, pues con eso solo estás demostrando lo ardido que estás al haber perdido tu puesto con "una novela rosa" —ella hace comillas con sus dedos, sonriendo con sarcasmo, para luego hacerle un gesto a las chicas que la acompañan, para que salgan de ahí.
(...)
—¿Estás bien? —Step, aquel primo que casi consideraba un hermano, se deja caer en el sofá a mi lado.
Después de acabar por irme de aquel lugar, decidí pasar a ese bar donde siempre solía desahogarme con Whisky, pero esta vez le había pedido a Step que me acompañara pues justo ahora no me apetecía ninguna compañía femenina.
—¿Qué te hace pensar que no lo estoy?
El rubio tuerce una sonrisa mientras se sirve de la botella de Whisky que ya tenía medio vacía.
—Es casi la medianoche, ya estaba en cama con Lorraine después de haber acostado a los niños, me llamaste pidiéndome por favor que viniera a verte, es más que obvio que ocurre algo, Aiden.
Hago una mueca, encogiéndome de hombros.
—Supongo que no he tenido un buen día.
—¡Oh! ¡Hermano! —la expresión de Step se oscurece, mientras niega con la cabeza—, ¿pensando en Hanna otra vez?
—Supongo que comienza por ella, he revivido esa pesadilla otra vez —hago una mueca—, y, como si fuera poco, llega una niña a sacarme del primer puesto del New York Times.
—¡Rose Mary! Ya Lorraine ha leído su libro y lo ha amado —me cuenta mi primo, lo que me provoca gruñir y fruncir el ceño.
—¿En serio, Step?
—¿Qué? —él se encoge de hombros—, probablemente las personas comienzan a aburrirse de tus finales de mierda, Aiden, deberías de adaptarte al público, como muchos artistas han comenzado a adaptarse al reguetón.
—Que comparación tan estúpida —bufo al poner los ojos en blanco—, y se supone que te he llamado para que vengas a apoyarme y no a tirarme más mierda encima.
Mi primo tuerce una sonrisa, al mismo tiempo en que levanta el vaso para acercarlo a sus labios.
—No sé, es solo una idea, pues a simple vista han golpeado tu ego al quitarte ese preciado primer puesto.
Unas risas que provienen de la entrada del lugar, captaron mi atención, lo que me provoca fruncir el ceño de inmediato al verla a ella junto a sus amigas, entrar abrazadas al sitio.
—¡Me lleva el diablo! —exclamo al tomar la botella para llenar mi vaso—, ¿en serio tengo que encontrarla en todos lados?
Step se parte de la risa, a la vez de que sigue mi mirada. Él silba mientras levanta una ceja.
—Pues es una muñeca. Y aparte de ello, talentosa. Ahora veo por qué ha enamorado a tantas personas.
—¿Y si cierras la boca?
Me tomo todo el contenido del vaso sin detenerme a respirar, la frustración apoderándose de mí, más por el simple hecho de que, como sí estuviera haciéndolo a propósito, ella toma lugar en una mesa bastante cercana a la nuestra.
Copa tras copa pasa por mi garganta, mientras trato de ignorar la presencia de aquella chica que sólo había llegado para joderme la vida.
Sus risas se vuelven mucho más escandalosas, sus copas suenan al estrellarse la una con la otra, a la vez de que alaban el éxito de la noche.
Step se ríe, mientras que yo solo aprieto las manos en puños sobre la mesa.
Una nueva botella llega a mi mesa, lo que me provoca observar al mesero con asombro, pues ninguno de los dos había pedido una.
—No hemos pedido ninguna botella —me apresuro a decir al detenerlo antes de que sirva en los vasos.
—La rubia de la otra mesa invita —murmura él al señalar a Mía, quien sonríe con arrogancia y levanta su copa en mi dirección, abriendo sus labios donde soy capaz de leer un pequeño “salud” de su parte, para luego tomar el contenido del vaso.
Frunzo el ceño a la vez de que mando al tipo con la botella de regreso, no quería nada de aquella mujer, mucho menos al ver que, al parecer, me estaba declarando la guerra. A partir de ahora, tendría que esforzarme mucho más, porque la iba a aplastar, iba a demostrarle quién es el que manda en este mundo literario.
—Relájate, Aiden, no le sigas el juego, pues de lo contrario, acabarás enfermo —me pide Step al notar la rabia que probablemente, se ha apoderado de mí.
Pido una nueva botella, tratando con ello de no acabar por amargarme la noche, pues, al parecer, eso era lo que ella quería hacer.
Trato de relajarme al hablar sobre equipos de fútbol con Step, a la vez de que trato de no escuchar la forma en que ella ríe con sus amigas. En poco tiempo, ambos nos hemos terminado la botella, lo que ocasiona que comience a sentirme mucho más a gusto con todo aquello. De pronto, las risas tontas comenzaron a hacerse presentes, Step es quien pide otra botella que acabamos mucho más rápido de lo que lo hicimos con la otra.
No sabía si fue el licor lo que me dio valor, o si solo era la rabia que aún no lograba sacar contra aquella mujer, lo único que sabía era que, justo ahora me encontraba levantándome de mi lugar, para ir en su dirección, ignorando los regaños de mi primo quien trata de detenerme.
—¿Disfrutando de tu golpe de suerte? —pregunto al inclinarme sobre ella, dejando mi rostro muy cerca del suyo.
Noto como levanta una ceja, a la vez de que una traviesa sonrisa se forma en sus labios.
—¿Qué tan difícil es aceptar que alguien puede llegar a ser mejor que tú?
—¿Mejor? —bufo al poner los ojos en blanco—, no me hagas reír, Rose Mary, sí está claro que has triunfado gracias a un público que le hace falta neuronas.
—¿Llamas a mis lectoras personas sin neuronas? —reclama al ponerse de pie, dándome un pequeño empujón para alejarme de ella—, puedes meterte conmigo, pero, eso no te da derecho a ofender a las personas que disfrutan de mi trabajo.
Tomo sus muñecas y la acerco a mí, ocasionando que su pecho choque con el mío.
—Eres tan bonita y bruja a la vez —susurro al sonreír.
—Y tú eres un bestia —responde.
—Aiden, suficiente —Step me jala de un brazo, para alejarme de ella—, es hora de irnos.
Observo a Mía por largos segundos, su respiración se encuentra agitada y sus pupilas levemente dilatadas, mientras que sus dos amigas no dejan de reírse.
Al final, tan solo atino a guiñarle un ojo para luego seguir a mi primo.
(...)
—Esto ha estado fenomenal.
Cubro mi rostro con las sábanas al sentir los rayos del sol golpear directamente a mi rostro.
—¡Leah! ¿Qué carajos haces aquí tan temprano? —gruño, a lo que mi agente publicitaria se echa a reír para luego sentarse a mi lado.
—Esta mañana me he despertado porque me han llegado numerosos mensajes, mostrándome un par de videos en particular.
La chica jala de las sábanas para obligarme a mirarla.
—¿Ha estado buena la fiesta de anoche?
—¿Qué dices? —pregunto.
—Hay un video en particular que ha llamado mi atención —dice al mostrarme su móvil—, en definitiva, esto nos ayudará mucho, cariño, pues aunque no lo creas, tus ventas han subido considerablemente desde el instante en que esto se hizo viral.
Abro los ojos de par en par al verme discutir con Mía de la Rosa, la forma en que ella me empujó, y luego la manera en que la atraje a mi cuerpo. La persona que subió el video, incluso se encargó de editarlo tan bien, que podían verse pequeños corazones flotar por doquier.
—Mierda —tan solo me limito a decir al devolverle el teléfono.