Mía
—¿Llamas a mis lectoras personas sin neuronas? —gruño hacia él y me pongo de pie para empujarlo con todas mis fuerzas, pues me sentía completamente enfadada—, puedes meterte conmigo, pero, eso no te da derecho a ofender a las personas que disfrutan de mi trabajo.
Lo miro con furia, y el muy imbécil me toma por las muñecas y me acerca a él, pegándome contra su pecho y haciéndome sentir los desbocados latidos de su corazón.
—Eres tan bonita y bruja a la vez —susurra mirando mi boca fijamente.
—Y tú eres un bestia —respondo en mi defensa, pero siento mi voz temblar.
¿Por qué me sentía tan nerviosa?
Me solté de su agarre y luego lo vi marcharse junto al chico que lo acompañaba. Mientras él se alejaba cada vez más, yo no dejaba de pensar en que la guerra con él ya estaba declarada.
—¡Mia de la Rosa!
Despierto al sentir como las sábanas son quitadas con fuerza de mi cuerpo. Llevo mis manos hasta mi rostro para cubrir mis ojos pues no soportaba ver la luz del día. Me sentía asquerosamente sudada y seguro que toda la habitación apestaba a licor.
—¡No volveré a beber nunca más! —reclamo al sentir mi cabeza partirse en dos y mi garganta reseca.
Anoche luego de la firma de libros había ido a festejar junto a Melany y Abby, pero mi querida amiga había insistido en ir a ese sitio en donde habíamos celebrado hace varios meses la firma de mi contrato con su editorial, lo que no me esperaba era volver a toparme con Aiden Davis, ni mucho menos acabar discutiendo con él frente a todos.
¡Qué vergüenza!
—Amiga de mi corazón, necesito que te sientes y veas esto —señala Mel con la voz suave, como si temiera que yo me volviera loca. Abro los ojos poco a poco y me la encuentro de pie a un costado de mi cama, mientras su mirada me decía que sea lo que sea que quería mostrarme, no me gustaría para nada.
Ella me extiende su celular y lo tomo con recelo al ver que se trataba de un video. Le doy con el dedo al botón de reproducción y entonces me veo a mi y a Aiden Davis en pantalla, discutiendo anoche en aquel bar.
—¿Qué demonios…? —dejo la pregunta a medias al ver que incluso varios corazones se reflejaban en la pantalla y estaba editado a la perfección, pues incluso cuando él me tomó por las muñecas para acercarse a su pecho aparece en grande la frase “Enemies to lovers”, como si ambos nos tratásemos de una novela rosa, esas que tanto odiaba aquel desagradable hombre—. ¿De dónde salió este video? —pregunto temiendo la respuesta.
—Está por todos lados en r************* —responde. Bufo y entonces aún con el celular de mi mejor amiga entro en i********: y al poner mi nombre en el buscador lo primero que aparece es un Hashtag que está en tendencia, el cual me hace reír como loca.
—¡No puede ser! —niego con la cabeza al volver a leer aquella estupidez.
#DavisAndRoseMaryIsLove
—¿Qué? —pregunta con curiosidad Melany al empujarme hacia un lado para dejarle lugar en mi cama y le enseño aquel Hashtag—. ¡Esto es genial!
La observo con las cejas arrugadas y niego de inmediato con la cabeza, pues no estaba de acuerdo con eso. Es decir, sí, era divertido que las lectoras hayan enloquecido al relacionarnos a ambos, pero yo no quería hacer mi carrera en base a un romance falso con aquel escritor tan antipático y bestia.
—¿Debería hacer un comunicado público a mis lectoras? —le pregunto a mi mejor amiga con seriedad y ella está por contestar cuando mi celular vibra anunciando una llamada entrante. Me estiro en la cama para tomarlo y al leer en la pantalla el nombre de Abby sonrío.
—¡Mía, estás en todas partes! —grita desesperada. Alejo el celular de mi oído y pongo en altavoz para que Melany también pueda escuchar la conversación, pues de todos modos luego acabaría por contarle lo que Abby me dijera—. ¡No puedo creer que los hayan grabado justo en el momento!
—Dímelo a mí, Abby… —susurro a la vez que pienso en quién pudo haber grabado aquello, pues sin duda, tenía que ser alguien que nos conocía de antes para saber que ambos éramos escritores.
—Para tu suerte, tengo la solución a tus problemas, amiga.
—Te escucho —respondo mirando a Melany de reojo, quien se mantiene en silencio.
—Ponte bien guapa, porque en una hora tienes una entrevista con tu nuevo agente publicitario —dice sin más. Arrugo las cejas al no comprender a qué se refiere con eso y antes de que yo diga algo, ella simplemente sigue hablando—. Convencí a mi jefe de que como sigues en el top 1 del New York Times mereces más apoyo por parte de la editorial, así que este agente será auspiciado por la empresa, ¡de nada!
—¿Ya te he dicho que eres la mejor, Abby?
—No me molestaría oirlo una vez más, amiga —responde ella.
Sonrío de medio lado y le agradezco a mi amiga por sus gestiones, para después finalizar la llamada y volver a lanzarme de espaldas en mi cómoda cama tamaño king.
—¡Hay que levantarse, amiga! —dice Melany al jalarme fuera de la cama contra mi voluntad. Me empuja en dirección al baño haciéndome reír, pues amaba que se comportara como mi madre—. Hazme un favor y quítate ese olor a muerto —pide al arrugar su nariz en mi dirección.
—¡También te adoro, Mel!
(...)
Abby solo se había dignado a enviarme una dirección en tiempo real y nada más, junto a un “¡Suerte, amiga!”, lo que no me daba indicio alguno de con quien debía reunirme. Miré el restaurante frente a mí y entonces me animé a entrar, pues seguro mi nuevo agente publicitario se encontraría ahí. Había tenido que salir de casa con lentes de sol, porque mi cabeza aún dolía a causa de la resaca que traía encima.
—¿Busca una mesa individual, señorita? —pregunta con amabilidad uno de los chicos recepcionistas de la entrada. Estoy por responder a su pregunta cuando alguien me toca el hombro y me hace voltear en su dirección.
Frente a mí tenía de pie a un guapo hombre de piel morena y traje elegante, quien me miraba con una enorme sonrisa que dejaba a la vista sus perfectos dientes blancos.
—Buenas tardes, señorita Mía —saluda al extender su mano hacia mí—. Soy Nathan Anderson, tu nuevo agente.
Estrecho su mano y me quedo mirando al tal Nathan hasta que el recepcionista carraspea en nuestra dirección y entonces le sonrío con cortesía.
—Mesa para dos, por favor —pido.
Nathan me guiña un ojo y yo no puedo evitar sonrojarme, pues sin duda era un hombre atractivo, y aquella sonrisa podría salvar al mundo de la pobreza. Caminamos hacia dónde nos lleva el recepcionista y una vez que nos sentamos en el lugar que nos designan, pedimos nuestro almuerzo. Lo cierto es que a causa de todo el alcohol que anoche había ingerido, mi estómago se encontraba algo delicado, por lo que escogí una ensalada césar y una bebida energizante.
—Por lo que veo, estás algo cansada —puntualiza Nathan hacia mí, poniendo sus manos entrelazadas sobre la mesa. Me quito los lentes de sol para demostrar lo contrario y él me mira con diversión, pero sin juzgarme—. Abby me envió todo el material que está circulando en redes a causa de la fiesta de anoche y tu posible romance con el escritor Aiden Davis.
—No fue una fiesta como tal —le corrijo con algo de brusquedad, y al darme cuenta de mi actitud me siento avergonzada, por lo que muerdo mi labio inferior y simplemente suspiro—. Lo siento, quiero decir que esos videos fueron sacados de contexto y que yo solo estaba celebrando con mis amigas, no buscando liarme con aquel imbécil.
—Independiente al contexto, te aseguro que nosotros somos quienes podemos transformar la realidad —me guiña un ojo y yo me derrito un poco con ese gesto, pero intento disimularlo—. Tenemos el poder en nuestras manos, Mía. ¿O prefieres que te llame con tu seudónimo? —pregunta.
—Mía está bien —respondo.
Nathan comienza a explicarme a detalle sobre la estrategia que él tenía para mi imagen en r************* . Me mostró algunos ejemplos de otras figuras públicas, y en pocas palabras, su estrategia de publicidad se basaba en que él quería explotar mis r************* con una imagen mía que gritara que era una niña buena, que escribía novelas rosas y que, en resumen, era una blanca paloma.
—No creo que yo quiera reflejar esto, Nathan —niego con la cabeza al dejar salir un pequeño suspiro—. En mi libro, Molly es una mujer valiente, y no quiero proyectar lo contrario a eso… Yo no soy una niña santa, ni mucho menos…
—Entonces te propongo otra cosa —dice al sonreír—. Antes de venir aquí me han ofrecido una entrevista televisiva para ti.
Abro los ojos de par en par al no creer lo que ese atractivo hombre me estaba diciendo. Jamás, ni en mis mejores sueños hubiera imaginado que con mi trabajo lograría llegar tan lejos.
—¿Entrevista televisiva? ¡Wow! —asiento con la cabeza sin siquiera detenerme a pensarlo, porque sin duda era una oportunidad en un millón y debía aprovecharla—. Espera… ¿Cómo es que te llamaron? —pregunto con confusión.
—Abby se encargó de contarles a los periodistas que ahora tú tenías un agente publicitario que se encargaría de coordinar todos los eventos sociales y públicos —me explica con una sonrisa torcida—. Espero que mi trabajo esté a tu altura, Mía.
—Si Abby te escogió, por algo es —indico con una sonrisa de vuelta—. Ahora, cuéntame. ¿Cuándo es esa entrevista?
—Dentro de dos horas —responde dándole un sorbo a su coca cola.
—¿¡Dos horas!? —pregunto negando con la cabeza, pues necesitaba mucho tiempo más para prepararme mentalmente—. No creo estar preparada para eso, Nathan.
—Suerte que me tienes a mí —dice con seguridad—. Vamos, voy a enseñarte qué es lo que debes responder ante las posibles preguntas.
Arrugo las cejas con confusión y luego entiendo a lo que aquel moreno se refiere.
—Van a preguntar sobre Aiden Davis —concluyo.
—Es muy probable, y frente a eso, diremos que él está muy interesado en ti —se encoge de hombros—. No es difícil de creer, pues eres jóven, guapa, recientemente exitosa, además él tiene fama de mujeriego y borracho.
—Además de escribir finales de mierda —agrego haciendo reír a Nathan, quien comenzaba a agradarme de sobremanera.
—Tu versión será esa, que posiblemente Davis te ama en secreto —me guiña un ojo y luego toma su celular para extenderlo por sobre la mesa—. Lee esos comentarios, tus lectoras no hacen más que decir que él es el que se nota más interesado que tú, y queremos mantener esa postura, como si él fuera tu fan.
—No jodas —espeto al reirme a carcajadas al imaginar la cara de Aiden al escuchar aquello, mientras tiene que observarme al otro lado de la pantalla, comiéndose sus palabras al decir que yo era una mala escritora—. Antes de que él supiera quien soy, intentó ligar conmigo —le confieso a Nathan, quien sonríe con victoria y alza ambas cejas.
—No dudes en sacar eso a la luz —me aconseja y entonces me siento lista para aquella entrevista y para mostrarle a ese escritor de pacotilla de lo que Mía de la Rosa estaba hecha.