Capítulo 1: "Club de fans"

2083 Words
Mía. No puedo creer que luego de haber fantaseado toda mi vida con ser una escritora reconocida, por fin estaba logrando mis sueños al dar el primer paso de firmar con una gran editorial. —¿Mía, estás escuchándome? —pregunta mamá al otro lado de la línea telefónica. —¡Sí, claro! —contesto de inmediato, fingiendo que no había perdido el hilo de nuestra conversación, pues aunque quisiera negarlo, yo era una chica que pasaba la mayor parte del día fantaseando entre sus propios pensamientos. —Te decía que con tu padre estamos muy orgullosos de lo que has conseguido, hija —reitera con un suspiro al final de la oración. Casi podía imaginar a mi madre con una enorme sonrisa y los ojos cristalizados ante la emoción. —Lo sé, madre —digo a la vez que se forma una tímida sonrisa en mis labios—. Solo espero estar a la altura, ya sabes, no es nada fácil intentar contar la historia de amor que vivieron tus padres, cuando no fuiste testigo. —Ay, cariño —musita ella con ternura—. Amo ser la protagonista de tu novela, porque como Molly Daniel no hay dos en el mundo, y estoy segura de que tú lograste transmitir aquello en tu obra, pues eres una genial escritora. —Gracias, mamá…. —suspiro. Me sentía ansiosa respecto a la publicación de mi libro, ya que, este era el más importante de todos los que había escrito en toda mi vida, pues tenía un enorme significado emocional para mí. Mis padres eran el ejemplo de lo que estaba bien en una relación, por lo que un día simplemente les pedí que me contaran cómo se conocieron, y fue así como me animé a escribir el libro “12 hombres para Molly”, haciendo referencia a aquel loco plan de mi madre por tener citas con un hombre diferente por mes, hasta completar el año e intentar encontrar con eso a su príncipe azul. —Creo que alguien está tocando el timbre de tu departamento —comenta mamá, haciéndome volver a la realidad. Afino mi oído y entonces puedo escuchar que efectivamente el timbre estaba sonando. —Te llamo en un minuto, iré a ver de qué se trata —digo antes de colgar la llamada. Camino hasta la puerta de mi departamento y antes de abrir miro por la rejilla pegada a la puerta, la cual me permite ver hacia afuera y descubrir que Melany, mi mejor amiga, estaba al otro lado. Abro la puerta y al verla ahí, me lanzo a sus brazos con emoción. —¿¡Qué haces aquí, Mel!? —pregunto mientras la abrazo con fuerza y dejo salir toda mi emoción. —¡Sorpresa! —chilla en respuesta. Tomo distancia de ella y entonces caigo en cuenta de que viene acompañada por una enorme maleta, la cual jalo hasta el interior de mi departamento, seguida de cerca por Melany. —Debo decir que no me sorprende que me hayas engañado —digo fingiendo molestia, mientras ella camina directo al enorme ventanal de mi hogar, el cual nos daba una hermosa vista del centro de New York, la ciudad que desde hace unos años me había acogido, cuando decidí irme de Madrid, mi ciudad natal. —Solo puedo decir que vi la oportunidad de adelantar mi vuelo, y la tomé —se encoge de hombros y luego se deja caer en uno de mis sillones—. No todos los días uno cumple el sueño de ir a vivir con su mejor amiga a una de las ciudades más hermosas, ¿o sí? —cuestiona con una sonrisa divertida en los labios—. Además, te aseguro que lo único que extrañaré de New Jersey será a mi madre. —Puedes invitarla aquí cuando quieras, ya sabes que tu familia será siempre bienvenida, y que ahora, este también es tu hogar —le recuerdo aquella conversación en donde habíamos establecido todos los puntos de nuestro acuerdo de vivir juntas. —Diablos, si que eres tierna cuando te lo propones —frunce los labios en una mueca y luego se pone de pie de un salto para correr a su maleta—. He traído golosinas y una champaña, pues debemos celebrar que dentro de una semana alguien será la mejor escritora de esta ciudad. Giro los ojos y simplemente voy tras mi loca amiga, pues ya la conocía, y sabía muy bien que este momento de celebrar juntas pronto llegaría, y no era para menos, pues Melany había sido mi amiga virtual por largos años, desde que yo comencé a publicar mis novelas en la plataforma digital “Calíope”, y ella siempre me había animado a continuar y mejorar mis escritos, además de apoyarme con las portadas, pues ella era diseñadora gráfica. Sin duda, agradecía infinitamente su ayuda, pues sabía que todo el esfuerzo que había invertido en esa plataforma de lectura gratuita me había llevado a ser descubierta por la editorial que ahora lanzaría mi primer libro. Mientras Melany busca platos y copas para servir champaña yo enciendo el estereo para poner música, mientras agradezco a la vida por ponerme a una amiga como ella en el camino, además de agradecer por aquel trabajo que ella había conseguido en esta ciudad, lo que había permitido que ambas tomemos la decisión de vivir juntas, a pesar de que nuestra amistad se basaba en una relación virtual, donde recién hace dos meses habíamos podido conocernos en persona. Aún así, Melany y yo éramos almas gemelas, estaba segura de aquello, pues ese día en que nos conocimos por primera vez en persona fue como si hubiéramos sido amigas desde siempre. —En unas horas más necesito salir —explica con una sonrisa mientras se lleva una galleta de chocolate a la boca y con eso me devuelve a la realidad—. Y me gustaría que fueras conmigo, porque no quiero perderme en esta enorme ciudad —agrega finalmente. —Existe google maps, Mel —bromeo, pues era obvio que iría con ella, además de que no tenía nada más interesante que hacer. —¡Recuerda que solo soy una chica de pueblo, Mía! —reclama ella con un puchero en los labios—. ¿Qué hago si alguien quiere secuestrarme? —Rogar porque te secuestre un hombre alto, guapo, musculoso, y que como requisito para dejarte libre te pida casarte con él y compartir su enorme fortuna como heredero de una multimillonaria empresa —suelto con diversión. —Si es millonario, ¿qué haría secuestrando chicas lindas? —cuestiona ella confundida. —No era un secuestro como tal —explico con seriedad—. Solo lo hizo para desafiar a su padre, quien lo está obligando a buscar una esposa para poder tener la herencia de la empresa —finalizo llevandome una papa frita a la boca. —¡Diablos! —espetó ella negando con la cabeza a la vez que soltaba una risita—. Nunca deja de sorprenderme tu enorme imaginación —dice encongiéndose de hombros—. Aunque debo decir que esa historia no sería para nada del estilo tuyo, pues no me imagino a ti escribiendo sobre millonarios y chicas con el síndrome de Estocolmo. Exploto en risas ante lo último que ha dicho mi mejor amiga y luego me encojo de hombros. —¿Quién sabe? —pregunto—. Tal vez la editorial pronto me obligue a escribir sobre eso, para venderle a las personas lo que más les gusta: el morbo. —¡No, por favor no! —niega con la cabeza de inmediato y junta sus manos a la altura de su pecho—. Mejor escribe sobre ángeles que finalmente se vuelven en humanos porque han encontrado el amor verdadero. —Mel, debo decir que amo tu locura —reconozco al torcer una sonrisa, porque amaba estas conversaciones en donde inventábamos historias que nunca llegarían a ser contadas por mí—. Además, vivir juntas se siente como estar en una pijamada eterna. —¡Concuerdo, amiga! —asiente con la cabeza y toma su copa de champaña—. Hagamos un brindis. —¡Salud! —digo en respuesta con una sonrisa cruzando toda mi cara. (...) Melany y yo caminamos por mucho tiempo, sin dejar de reír ante nuestras locas ocurrencias, hasta que por fin llegamos a Central Park, aquel hermoso lugar que desde que había venido a vivir a New York siempre amaba visitar, pues las ardillas eran mi animal favorito, y dicho parque tenía de sobra. —¿Qué tienes que hacer aquí? —pregunto cayendo en cuenta que mi amiga no había mencionado nada sobre su salida. —Uhm… —ella se encoge de hombros para restarle importancia —. Digamos que es una salida recreativa. —Estás loca, Mel —concluyo con diversión al enganchar mi brazo al suyo mientras comenzamos a recorrer el enorme parque—, pero eres una loca que me agrada. —No me sorprende, pues soy un alma fácil de querer —me guiña un ojo con complicidad y continuamos caminando sin rumbo. —Creo que… —comienzo a decir, pero no logro terminar la frase debido a que soy interrumpida por un chillido. —¡Es Rose Mary, ya llegó! ¿Qué demonios? Miro a mi mejor amiga, quien no deja de sonreír de oreja a oreja, y luego soy abrazada con fuerza por una desconocida, que no deja de chillar palabras inteligibles. —La estás asustando, Betty —dice una linda morena apareciendo tras la desconocida que me abraza como si su vida dependiera de aquello. —¿Quienes son ustedes y cómo es que conocen mi seudónimo de escritora? —pregunto confundida, pero cuando Melany se ríe con nerviosismo encuentro las respuestas que buscaba. —Digamos que tu club de fans viene rogándome cerca de un año el poder concretar una reunión contigo —dice Melany a mi lado, mientras le sonríe a ambas chicas, que al mirarlas bien deduzco que son solo un par de adolescentes. —¿Tengo un club de fans? —pregunto sorprendida, alzando ambas cejas. La chica morena me toma de la mano y me jala hacia lo que parece ser un picnic, pues sobre el césped hay una típica manta a cuadros y mucha comida. —Mi nombre es Gaby —dice la morena al sonreirme—. Y soy la presidenta de tu club de fans —explica. La miro sin poder creerlo, pero una sonrisa se forma en mis labios. —Wow… —niego con la cabeza—. Me han sorprendido, chicas. —Y yo soy Betty —comenta la chica que me había abrazado con fuerza—. Soy la vocera del club, y encargada de las r************* . —¿Tienen r************* ? —cuestiono abriendo la boca con asombro, pues al parecer, estas chicas eran muy organizadas. Busco a Melany con la mirada y me la encuentro tomando fotos como loca, mientras sonríe ampliamente. Me relajo y me dedico a escuchar a ese par de chicas que no hace más que contarme cómo es que llegaron a conocerme. —El primer libro tuyo que leí fue el de “12 hombres para Molly” —explica Gaby—. ¡Y me encantó! Te prometo que eres mi escritora favorita y estamos muy orgullosas de que al fin una gran editorial te haya captado, pues siempre supimos que tu talento iba más allá de una simple plataforma digital de lectura. —Gracias, chicas, pero lo cierto es que yo estoy muy agradecida con esa plataforma, pues es mi inicio, lo que me permitió nacer como escritora —digo con una sonrisa. —¡Digan Whiskey! Volteo a ver a Melany, quien nos observa con emoción y apunta la cámara de su celular hacia nosotras. Animo a Betty y Gaby a abrazarnos y luego sonrío como nunca hacia aquella fotografía, pues aquellas chicas me estaban haciendo sentir como si todo mi trabajo en la escritura realmente tuviera un futuro, pues si había logrado conquistarlas a ellas, podría con más personas a través de mis letras. —Gracias por traernos a Rose Mary —indica Betty hacia mi mejor amiga, quien se encoge de hombros restándole importancia al asunto. —Ey, solo díganme Mía, ya estamos en confianza —aclaro con una sonrisa, provocando con eso que aquellas chicas chillen con emoción.
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