Han pasado meses, y aun lo recuerdo al cerrar los ojos, vuelvo a vivirlo en mi mente: La noche era tranquila, y el aire de la suite privada estaba cargado de algo más que silencio. Todo el día había sido una prueba de paciencia: Magnus y yo habíamos pasado horas interminables en reuniones, rodeados de colegas y clientes, y el disimulo empezaba a pesar en cada mirada fugaz que compartíamos. La tensión entre nosotros se había convertido en algo casi palpable, una corriente que ninguno de los dos podía ignorar. Y ahora, en la penumbra de esta habitación, lejos de las miradas y del ajetreo de la oficina, ,,,, estábamos solos. Magnus cerró la puerta tras de sí, y antes de que pudiera reaccionar, sentí cómo me tomaba por la cintura y me acercaba a él. Sus ojos, oscuros y llenos de deseo, recor

