Regresar juntos al auto después de ese beso tan... potente me deja con los nervios hechos un caos. Magnus y yo intercambiamos miradas, y aunque parece relajado, puedo ver el leve temblor en su mano cuando enciende el motor. No sé si es emoción o incertidumbre, pero ambos estamos atrapados en este vaivén de sentimientos que no podemos ni queremos detener. El camino de regreso es silencioso, pero no incómodo. La tensión está ahí, latente, y cada tanto nuestras miradas se encuentran y él me lanza una de esas sonrisas, de las que desarman. Cuando finalmente llegamos a mi edificio, siento que el ambiente sigue igual de cargado que antes. Magnus se baja del auto y me acompaña hasta la puerta del edificio, sin decir una palabra, pero sus ojos lo dicen todo. Me observa, de cerca, demasiado cerca

