Alfred va vestido más normal, lleva una camisa negra de botones metida dentro de sus vaqueros negros, no va tan arreglado y elegante como Tom. —¿No sabes decirle nada más? Bueno no me sorprende en absoluto viniendo de ti, que está irreconocible dice, patético. —Comienza a reírse—. Le acabas de decir en pocas palabras que de normal está horrible. —¡Tom! —pongo mis manos sobre mi cintura mosqueada. —Lo ha dicho él, no yo querida. —Pasa de ese estúpido, Valentina, está chiflado, vamos a entrar —Alfred coge mi mano, pero Tom me coge del brazo. —Creo que ha cambiado de idea, ¿no te lo ha dicho? Eres muy tímida, amor, pero no te preocupes, ya se lo digo yo que lo tengo aquí en frente. —exclama Tom sonriendo—. Ella ya no quiere ser tu acompañante —Le miro rápidamente, ¡pero, ¿qué está dicien

