Dalia
Un frio me recorrió de pies a cabeza, cuando ella dijo que alguien la esperaba, eran sensaciones nuevas para mi, sus ojos me miraron, ella sonrió.
- Llamare a mi madre, para decirle que llegare tarde- sonreí.
- Claro- el alma me volvió al cuerpo, saber que no era un novio quien la esperaba, saber.
- Ahora vuelvo- camine hacia mi oficina.
Dalia
Una risa en mi rostro, que tonta soy, pensaba al tiempo que deseaba estar con ella, cenando, conversando admirando sus ojos, viendo su sonrisa, ella apareció, de sorpresa, justo de esa forma en la cual llego a mi vida.
- Estoy lista- la mire, ella tenia su bolso en el hombro.
- Vamos- le di una sonrisa, caminamos juntas hacia la puerta, ella abrió, haciéndome pasar primero a mi- gracias.
⁃ Con gusto- le di una sonrisa, la oficina estaba vacías, solo estaba el guardia quien nos saludo, subimos al elevador, en silencio, yo a veces la veía otra vez del cristal, me gustaba su pose, su seguridad y esa forma de vestir tan elegante, llegamos al sótano, un guardia más nos saludo, estando cerca de su auto dijo.
⁃ Te veo en este restaurante- le di una tarjeta, camine hacia mi auto y ella al suyo, suspire estando dentro del auto.
Yazmin
La tarjeta tenía su perfume, yo estaba conduciendo Justo a una cena con ella, una sonrisa se dibujó en mi rostro, no tengo idea de qué pasa, sonreí, en voz baja dije: pero me gusta.
Dalia
Quizás me estoy apresurando, pensé, al llegar al restaurante, pero hay algo de ella, que me atrae, si es la palabra me atrae, sonreí, en la puerta me recibieron.
-Buena noche, abogada Villaseñor.
⁃ Buena noche- la chica sonrió.
⁃ Mesa, ¿para dos?, la espera una chica.
⁃ Si por favor- intentaba no sonrojarme, pero literalmente me esperaba una chica, la chica más bella pensé, al verla en la sala de espera, sonreí cuando estaba cerca, pero ella estaba con el celular, así que no me vio llegar- Herrera, buena noche- levantó la mirada.
⁃ Hola- sonreí, ella me correspondió, sus ojos se iluminaron y yo solo podía pensar que hermosa sonrisa, nos hicieron pasar a un lugar tranquilo, medía luz, nos sentamos, la mesera pregunto.
⁃ ¿Les ofrezco algo de tomar?
⁃ Si por favor- ordené una entrada, un par de bebidas, la mesera se retiro, y ahí estaba yo teniendo una cena romántica, una cena diferente viendo esos ojos, esa sonrisa, esas manos, Yazmin levanto la mirada.
- Gracias por la invitación- la mire, ella sonrió.
- No tienes nada que agradecer es lo menos que puedo hacer por tenerte tan tarde en la oficina y sin cenar- mis ojos estaban posados en ella, la mesera regreso con las bebidas, las coloco sobre la mesa.
- Es un placer- tome un trago de mi copa.
Dalia
Estoy segura que mis mejillas se sonrojaron, es un placer una palabra que encierra miles de cosas y se utiliza en, ella lo aclaro.
- Trabajar con usted- la mire, sus mejillas estaban rojas.
- Hace calor aquí- tan tonta, me vi, me sentí, su rostro sorprendido.
- Si, un poco- en realidad yo empezaba a tener frio, pensé, no sabia de que hablar o como portarme con ella, es muy seria pensé.
- ¿Vives lejos de aquí? - la mire.
- Si, algo, vivo con mi madre- le di una sonrisa.
- Tu madre debe estar orgullosa de ti- mi niña.
- ¿Orgullosa? - pregunte confundida.
- Claro, fuiste el mejor promedio de tu generación, eres buena en tu trabajo y ahora hasta empleo tienes antes de graduarte- era parecida a mi, con la diferencia de que ella si tenia una madre, familia.
- Es lo menos que puedo hacer, ella me saco adelante sola, me protegió- no quería seguir hablando del tema, recordar a mi padre provocaba enojo en mi.
- Es el deber de una madre- levante mi copa- salud- ella levanto su copa.
- Salud, abogada- le di una sonrisa, la cena llego, conversando de libros, de películas, ella resulto ser algo romántica, y también resulto ser fan de uno de mis artistas favoritos, lo cual me encanto, yo podía pasar horas con ella, escuchándola, pero el restaurante.
- Estamos por cerrar señora Villaseñor.
- Claro, la cuenta por favor- mi cita llegaba a su final, la chica trajo la cuenta, Aineth la tomo.
- Yo pago- dije sin pensar.
- Dame la cuenta es una orden- mi tono y rostro serios, ella me entrego la cuenta, yo pague, salimos del restaurante, me acompaño al auto- ¿estas lejos de aquí? - pregunte preocupada.
- Justo frente a usted- ella sonrió.
- Cuídate, te veo mañana- la mire, ella se acerco, yo no me moví, me quede ahí, a su disposición, estando tan cerca, beso mi mejilla.
- Gracias por la cena- sonreí.
- Me alegra saber que fue de tu agrado- no me movía, ni ella, estábamos cerca, frente a frente.
- Lo que mas disfrute fue la compañía, la conversación- sonreí, ahora ella fue quien dejo un beso en mi mejilla.
- Ve a casa- di media vuelta, abrí mi auto- descansa te veo mañana- subí al auto, ella camino hacia el suyo, a lo lejos me dijo adiós, no quería, pero debía irme, alejarme de ella, no podía aguantar las ganas de, no que cosas pienso, me concentre en el frente, en conducir hacia mi casa, pero que haría en casa, con tantos pensamientos, di vuelta y fui al lugar de siempre.
Fabián
Estaba revisando unas botellas con uno de mis ayudantes, distraído, trabajando en este lugar que tanto me ha costado posicionar, cuando una voz conocida dijo.
- Necesito hablar contigo- Fabián volteo.
- Mi amor- camine a su encuentro, la abrace y bese su mejilla.
- Estoy hecha líos- dije al tiempo que dejaba caer los hombros.
- Ven, vamos- la abrace, caminamos hacia mi auto.
- ¿A dónde vamos? - pregunte mirándolo.
- A mi casa hoy el bar no abre, es martes- ella soltó una carcajada.
- Cierto, es lunes, el lunes mas bello de mi vida, la noche mas mágica- suspiré, recordé su rostro, su sonrisa.
- Cuéntame todo- subimos al auto, de ella, ella condujo en el camino hablaba de lo inteligente, lo culta y lo agradable que era ella, llegamos a casa, serví dos tazas de te.
- ¿Te? - lo mire.
- Si, traes auto- la mire.
- No, el auto lo puedo dejar, esto realmente es importante, y quiero brindar contigo- el sonrió.
- Esta bien ahora vuelvo- ella camino tras de mi, estando en la cocina, le di una copa- esta es tuya- ella la tomo.
- Gracias- sonreí, suspiré, el sirvió vino, caminamos hacia la sala.
- Cuéntame todo por favor- la mire.
- Salí a cenar con ella- dije con una sonrisa en los labios.
- ¿Solas la dos? - la enorme sonrisa en sus labios, el brillo en sus ojos, era otra, la veía feliz, tan feliz, como en su graduación o en el nacimiento de sus hijos y nieto, pero jamás la vi así por ese tipo Barovier.
- Si- me senté a su lado, recordando esos momento- me siento tan boba- reí.
- El amor, nos hace sentirnos así- su sonrisa se borro cuando dije eso.