Yazmin
Me sentí incomoda con su presencia, me sentía fuera de lugar, no sabia como actuar, estaba molesta sin motivos, mis ojos seguían posados en el, quien amablemente se acerco, extendió su mano.
- Sebastian Barovier- le di una sonrisa, era una chica joven, en ese momento me recordó a Dalia, cuando era mi estudiante.
- Yazmin Herrera- le correspondí, el momento mas incomodo de mi vida, y sin fundamentos, pensé, Dalia dijo.
- Ella es mi nueva asistente- dije con orgullos, mis ojos se posaron en ella por unos minutos, mi esposo bromeo.
- Tiene mal carácter- mi esposa me dio un codazo amistoso-pero es una buena persona- la abrace, bese su mejilla, la chica y Dalia sonrieron, yo no podía dejar de ver a mi esposa, quien se alejaba de mi, la chica en tono suave dijo.
- No, es que los corra, pero, deben irse, o perderán su reservación- no los quería cerca, la presencia de ese tipo no me era grata, ella me miro.
- Tienes razón- tome mi bolso, camine con Sebastián, el tomo mi mano, yo intente quitar mi mano, pero no lo logre, me di por vencida y camine tomada de su mano, ante esos ojos, café, ante los ojos de mi niña.
Yazmin
Me quede ahí con esos documentos entre las manos, la puerta se cerro, yo camine hacia la otra puerta, que comunicaba las oficinas, lance el folder sobre el escritorio, me pare cerca de la ventana, me sentía incomoda, molesta, sin motivo, ella no regreso a la oficina, así que fui puntual en mi salida, conduje hacia la casa al llegar mi madre, doblaba la ropa, me acerque.
- Bonita, yo te ayudo, siéntate- ella me sonrió, deje un beso en su mejilla.
- Mi amor- ella doblaba la ropa, yo me senté sobre el viejo sofá, azul, encendí la tv, cuando termino de doblar la ropa se sentó a mi lado, buscando mi abrazo, yo la abrace sin preguntar nada- mi amor, preparare la cena- estaba por levantarme.
- No, ordenemos algo o salgamos a cenar fuera- ella me miro, llevando su mano a la bolsa de su pantalón, su rostro preocupado- yo invito- me levanté, extendí mi mano, ella la tomo.
- Pero si tendrás dinero para comprar tu comida y pagar tu gasolina-la mire.
- Claro, madre, no te preocupes, las cosas irán mejorando para nosotros- dije animada, cerramos la puerta de la casa, le abrí la puerta del auto, la llevé a un lugar que se le gusta, pero solo podíamos venir en su cumpleaños.
Dalia
Mi cuerpo desnudo junto al de el, el rose de su piel, me parecía desconocido, no provocaba en mi lo que ese beso en la mejilla de esa niña provoco, pensé, Sebastián, beso mi hombro.
- Te amo, abogada Villaseñor- la abrace con fuerza, siempre esperaba un te amo de sus labios, pero nunca lo he escuchado, siempre se limita a.
- Yo también- suspire, mis sentimientos, mi corazón estaba confundido, quizás Fabian, tenia razón.
Yazmin
Levantarme temprano, ir a correr o hacer ejercicio en casa, cuidaba mi salud física y mental, trabajaba duro, estudiaba en mis ratos libres o leía un libro, estaba empeñada en ser una mujer culta, suspire, entre a la ducha.
Dalia
Ahora las mañanas son mejores, suspire, verla todos los días de lunes a viernes, pasar prácticamente todo el día juntas, me gustaba, pero también me preocupa, en lo laboral, no tengo queja, pero en lo personal, llamaron a la puerta.
- Buen días Abogada- le di una sonrisa, hice pasar a la mesera, quien llevaba su café y fruta.
- Buen día Herrera- ver que llego temprano, que llevo mi desayuno, inicias bien, pensé, yo camine hacia la terraza, la mesera coloco mi desayuno, Yazmin camino tras de mi, comenzó a leer mis actividades del día, yo me distraje, mi mirada se perdió en sus caderas, pero ella se encargo de traerme a la realidad.
- Por la tarde tiene comida con el Sr. Barovier- la sorprendí mirándome y no precisamente, el rostro, así que recalqué- su esposo- quería dejarlo en claro para ella o quizás para mi.
- Lo pensare- continúe con mi fruta, mi café, ella seguía diciéndome las actividades del día, yo la mire- siéntate por favor, toma café y no me agobies con tanto trabajo- ella se sentó a mi lado, y le serví café, ella tomo la taza.
- Gracias- sonreí, ella desayunaba yo no sabia que decir, así que pasamos unos minutos en silencio, al menos hasta que ella termino su desayuno.
- Vamos es hora de trabajar- caminamos hacia la oficina, nos sentamos en la mesa, cerca de la ventana, mis ojos a veces se distarían mirándola, otras disfrutaban tanto el silencio, su compañía me agradaba, la hora de mi reunión llego, ella me recordó.
- Señora- ella me miro, esa mirada, llena de seguridad, con un toque de misterio.
- Dime- nuestros ojos cafés se encontraron, me quede ahí como boba , perdida en su mirada, en ese café que se ha vuelto el café de mis mañanas.
- Hora de ir a su reunión- sonreí, me puse de pie, tome su ipad, sus documentos y regrese a donde ella estaba.
- Gracias- sonreí, Salí de la oficina.
Yazmin
Tome de su escritorio unos documentos, camine hacia la oficina, en compañía de un termo de agua, me senté a leer, a revisar, a preparar un informe para ella, trabajo con la mejor del país, con la mujer que mas admiro y con la sonrisa, mas bella, una sonrisa se dibujo en mi rostro, con la mirada puesta en esos documentos, esos informes, tan concentrada que no me di cuenta cuando ella entro, no sentí su presencia hasta que dijo.
- Yazmin- sonreí, ella di un brinco.
- Hola- las mejillas sonrojadas, cuando vi que era ella, quien estaba sentada en el pequeño sofá, cerca de la ventana.
- Vamos, tenemos mucho trabajo- ella sonrió, yo Salí de su oficina, entre a la mía, nos sentamos, se nos paso el tiempo, y yo me sentí apenada, así que al ver el reloj dije- Te invito a cenar- ella me miro.
- No, quiero molestar- me levante de la mesa, eran las ocho de la noche, en ese momento pensé en mi madre no le había avisado que llegare tarde pensé.
- Entiendo si tienes un compromiso- la mire, ella miraba su reloj- o si alguien te espera- esto ultimo me coloco algo celosa.
- No, nadie me espera- levante la mirada- en realidad alguien me espera- silencio.