Megan Martin
Todo ha sido caótico y raro.
Me duele la cabeza y estoy mareada, aunque no tanto como cuando me desperté. La doctora está hablando con Irwin acerca de algo, pero yo no presto atención. En mi mente solo tengo una pregunta: ¿por qué apareció Dereck ahí?
Él no debía estar afuera de la fiesta, tampoco aparecerse para defenderme y, aun así, lo hizo. Y lo peor de todo es que le debo algo, le debo una muy grande porque de no haber llegado a tiempo, ellos…
Cierro mis ojos con terror, siento que me duele el pecho y me llevo las manos a la boca. Irwin oye mi sollozo y llega conmigo de inmediato.
—Tranquila, preciosa… Ya pasó todo, te lo prometo.
—Ellos quisieron —lloro con más fuerza y me da un terror enorme—. Irwin, Taylor quería que el payaso ese me abusara. ¡Y yo no soy la única!
—Shhh… te prometo que no se quedará así. Nuestro abogado viene en camino y mi padre también —abro los ojos por la sorpresa y él solo me sonríe—. Sabes que te adoran. No van a dejarte sola en un momento así. Seguramente mi madre también llegará, debe estar buscando a alguien más.
La doctora me dice que me trasladarán para una tomografía y que no podré irme esta noche a casa. Irwin camina conmigo hasta donde se lo permiten y le tomo la mano.
—¿Y Dereck?
—Creo que se fue. ¿Quieres que lo llame?
—Sí, necesito hablar con él.
Mi amigo solo asiente, me deja marchar y yo intento relajarme. Pero es casi imposible, porque no puedo dejar de pensar en nada más que no sea el famoso ataque y los planes que tenían para mí.
Tras la tomografía, me llevan a un cuarto privado y no tengo idea cómo pagaré eso. Tal vez le pida ayuda a Irwin, no sería la primera vez y sabe que le pago. Siempre pago mis deudas, como si fuera una maldita Lannister.
—Megan Lannister debería ser mi nombre —murmuro cuando la enfermera sale para buscar al doctor y una voz se aclara la garganta.
—¿Eres partidaria del incesto? —veo a Dereck en la puerta y yo solo pongo mis ojos en blanco.
—No, porque siempre pago mis deudas.
—¿Qué deudas puede tener una mocosa como tú? —pongo mi expresión seria y lo miro con intensidad.
—Ahora, ninguna, pero ya que me pusieron en cuarto privado sin avisarme —me encojo de hombros y suspiro—. No me queda más que pedirle a Irwin que me ayude.
Dereck se ríe y se sienta al lado de la cama. Sé que me quiere decir algo, pero no lo hace porque entra la neuróloga con dos doctores más. Él se pone de pie, Irwin también entra y detrás de él, su padre con otro hombre. Debe ser el abogado.
La doctora levanta una ceja y antes de preguntar, el señor McConnor le extiende la mano.
—Gregor McConnor, pero no soy el luchador —la doctora se ríe—. Soy el suegro de esta bella jovencita. Él es mi abogado, Froilan Roman.
—Me imagino que es más serio de lo que estoy tratando. Cuente conmigo para todo lo que requiera.
La doctora explica que el golpe no provocó ningún daño de consideración, pero que deben dejarme en evaluación, porque perdí la consciencia, presenté mareos y náuseas. El abogado hace preguntas, Irwin hace preguntas y el señor McConnor también. Todos parecen preocupados de mí, menos él.
Dereck se queda quieto, sin decir nada, solo mirando a la doctora con expresión seria. Cuando la mujer sale, Irwin se acerca para abrazarme, pero Dereck lo detiene.
—Si ahora me das tiempo para hablar con ella. Se supone que me llamó.
Irwin lo mira con seriedad. Los tres se van y Dereck vuelve a sentarse. Acerca la silla, me toma una mano y la aprieta.
—Es bueno saber que estás bien —yo lo veo como si tuviera tres cabezas—. Aunque no lo creas, me preocupé. Ahora, dime lo que me quieres decir para dejarte descansar.
—¿Qué hacías fuera del salón de eventos?
Lo veo tensarse, me suelta la mano y pone esa cara de empresario controlador. Mira a otro lado y me dice con voz grave.
—Tenía un presentimiento. Me funcionó con mi hermana Lorraine cuando tuvo su propia graduación.
—¿Y qué le pasó?
—Le quisieron tirar pintura blanca en su vestido n***o y jalea de frambuesa en el cabello. Pero no pudieron, porque estaba yo.
—Gracias —le digo con toda la honestidad. No me mira y no sé si el golpe me dejó estúpida, pero un sollozo se me sale otra vez—. Si tú no hubieses estado ahí, si no hubieses llegado a tiempo… Ellos me habrían…
—No lo digas —se pone de pie y se acerca para abrazarme—. Porque si tú piensas en lo que pudo pasar, a mí me toca hacer lo mismo. Y yo no estaría aquí.
—¿Por qué?
—Porque la policía no habría dejado que un homicida se quedara libre —se aparta un poco y se aclara la garganta—. No soy un monstruo insensible, al menos no con la gente que me importa o que les importa a las personas que amo. Y yo amo a tu madre. Tú eres importante para ella, así que… Es obvio.
—Claro… —me miro las manos él se aparta totalmente de mí y asiento—. Con mayor razón debo darte las gracias.
—No tienes que hacerlo, era mi obligación. Ahora, iré a buscar una manta y preguntar si hay un sofá para que pueda dormir.
—No, Dereck, no es necesario. Puedo quedarme sola o le puedo pedir a Irwin que…
—Claro que no. Porque puede ser muy hijo de McConnor y pedirle a su padre que le resuelva las cosas. Pero yo soy un hombre adulto, con recursos y más dinero. Si quisiera, mandaría a cerrar todo este piso para que solo se ocupen de ti.
Y ahí está su sonrisa cargada de ego, suficiencia y amor propio por las nubes. Ese es el Dereck que conozco. Sale del cuarto sin decir nada más y tampoco es que quiera que diga algo. Si después de todo, él es el amo de mi vida… de momento. Solo por ahora.