Dereck Hunt
Sigo a Irwin por el pasillo por donde se supone que se llevaron a Megan, mi corazón late y nos es porque estamos casi corriendo, sino porque siento todo ese instinto oscuro a punto de salir.
Giramos hacia otro pasillo, pero tengo la sensación de que nos estamos alejando de ella. Me detengo y freno a Karl.
—Regresemos, no es por aquí —Karl me mira con el ceño fruncido—. No me preguntes, no es por aquí.
Nos regresamos y veo justo cuando una flacucha desabrida se mete con un chico un poco más bajo que Karl. Yo soy más alto.
Corremos hacia ellos, están casi al final del primer pasillo y oigo a Megan lanzar su último sarcasmo, ellos responden y cuando al fin abro la puerta, la veo tirada en el piso, con el mocoso a punto de bajarse el pantalón y la flacucha grabando todo.
—Llama a la policía —le digo a Karl con un tono tan bajo, que hasta a mí me sorprende.
—Señor, no creo que sirva de mucho, solo hay un intento y…
—No entiendes —lo miro con la oscuridad emanando de mí y cierro la puerta para que ninguno escape—. Tienes que llamarla para que yo no cometa una locura.
Karl se espanta y llama de inmediato. Camino hacia Megan, me agacho para ver cómo está y levanto el brazo por puro instinto. Detengo el palo de una escoba, giro mi cabeza y veo a la flacucha espantada. Me pongo de pie, tiro de la escoba y con mi pierna la parto en dos, para luego lanzarla al otro lado de la pequeña sala.
—Karl, dile a la policía que, si no llegan en cinco minutos, tendrán que sacar a cinco adolescentes con una espátula de cocina.
—¡Señorita, es en serio! ¡Mi jefe va a matar a cinco chicos porque quisieron violar a su hijastra!
Los idiotas retroceden y se quedan en una esquina. Para mi no sorpresa, veo que el chico se queda detrás de las niñas. Típico.
Karl se para en medio, pero sé que no es para que corran, sino para que yo no les haga nada. Me acerco rápidamente a Megan, me quito el saco y lo coloco sobre ella. La veo arrugar la nariz y levanta una mano para tocarse la cabeza.
—Maldición… —abre sus ojos y me encuentro con ellos.
Se llenan de lágrimas y su boca está a punto de hacer el gesto típico antes de llorar, pero no lo hace. Y eso me gusta, porque es valiente, a pesar de lo que estuvo a punto de pasarle.
La puerta se abre, veo entrar al tarado que se supone debía protegerla y se acerca rápidamente.
—Hermosura, ¿qué te hicieron? —no espera la respuesta, se levanta, camina hacia ellos y con un movimiento rápido aparta a las chicas.
Le da un puñetazo en el rostro al cobarde y lo toma del saco.
—No te golpeo más solo porque no quiero manchar mi historial y arruinar mi futuro… algo que tú ya no tienes.
Lo empuja contra la pared, saca su teléfono y llama a alguien.
—Necesito que llames a Roman. Que me llame para decirle a dónde debe ir en unos veinte minutos. No, pero casi. Se metieron con Megan y sabes lo que eso quiere decir.
Sí, es su novio. Y al menos la valora, la ama y es capaz de protegerla. Este tiene un par de huevos bien grandes y puestos. Aunque me agrada por eso, siento que lo odio por otras razones.
Karl sale tras recibir una llamada y pronto el lugar se llena de personas. Unos paramédicos revisan a Megan, la ponen en una camilla y la sacan. Karl se queda con la policía que arresta a los adolescentes, mientras Irwin y yo vamos con nuestra chica hacia la ambulancia.
—Perdóname, no debí dejarte sola por esa estupidez.
—Al menos dime que valió la pena —sonríe ella.
—Sí, tendrán humo de colores.
Ella sonríe, le aprieta la mano y nos tenemos que separar para que la suban. El paramédico que se ha quedado abajo nos mira y pregunta.
—¿Quién se va con ella?
—Yo —le respondo—. Soy su pad… soy el esposo de su madre.
El hombre asiente, Irwin le grita que irá tras nosotros y la ambulancia parte. Ahora me permito verla mejor y siento que quiero matar a alguien. Su rostro está lastimado, le duele la cabeza, está mareada y náuseas.
—Tendremos que pedir una tomografía y que la evalúe un neurólogo. Puede tener una contusión.
Asiento y la miro. Ella me ve brevemente y luego deja salir un bufido. Sé que no está contenta, que se siente vulnerable y que tal vez no sea la persona que quiera a su lado.
—Llamaré a tu madre…
—No —me dice con firmeza—. No quiero su llanto, menos su histeria. Dudo que eso ayude con mi dolor de cabeza.
—Pero ella tiene que autorizar cualquier…
—No, yo ya soy mayor de edad y puedo autorizar lo que sea —respira hondo y pregunta—. ¿A dónde me llevan?
—Al Boston City Hospital.
—Bien, porque no podría pagar otra cosa —cierra los ojos de nuevo y sé que no puedo hacer nada al respecto.
Es mayor de edad, no puedo hacer nada más que asegurar que la atenderán bien. Y acerca de llamar a Janina, tiene razón. No necesito a mi esposa histérica para consolarla y rogar que se calle. Megan es la prioridad ahora.
Al llegar, la ingresan de inmediato, pide la planilla para rellenar sus datos y la doctora que la evalúa dice que esa es una buena señal. Irwin pasa por mi lado, se presenta como su novio, ella no lo niega y yo saldo de ahí, porque no soy necesario.
Me paro a un lado de la puerta, sintiendo el aire frío y llamo a Karl para saber qué está pasando con los desgraciados que la dañaron. Ahora, eso es lo único que puedo hacer.
Esperar, aunque solo quiera largarme a casa de una vez.