2005 Las semanas posteriores a la visita a la casa de Alejandro, el teléfono de la ferretería no dejó de sonar ni un solo día y sin embargo, Melany no fue capaz de responder ni una sola vez. Le había dicho a su abuelo que prefería no volver a hablar con Alejandro, sin darle muchas explicaciones y su abuelo decidió respetarla. Alejandro por su parte no podía sentirse más avergonzado, no encontraba explicación alguna para su comportamiento y le estaba comenzando a doler demasiado el sentir que la había perdido para siempre. Una tarde nublada de noviembre, mientras tomaban la merienda en la galería de su casa de San Isidro, su abuelo recibió una llamada que lo alertó. Alfredo, caminaba de un lado a otro, con un semblante de tristeza que jamás le había visto. Se llevaba las manos a la car

