2006 Melany y Alejandro se habían vuelto inseparables, felices y hasta empalagosos. Se veían todos los días aunque tenían que recorrer kilómetros para hacerlo. Pasaban tardes enteras en la habitación de Mel esperando el momento en que Lautaro se retiraba con alguna excusa para continuar explorando sus cuerpos con libertad, habiendo llegado a descubrir fascinantes facetas del placer. Pasado un mes del nuevo escalón en el que se encontraba su relación, Alejandro por fin la convenció de que lo acompañara a su casa. Sus padres se encontraban de viaje y su abuelo tenía su excursión anual de pesca, de la que participaba sin excepción. Con una mochila con una muda de ropa y un remolino de sensaciones en su estómago, Mel bajó del tren en la estación de San Isidro y luego de una corta caminat

