2015 Llegó el domingo sin que ninguno de los dos hubiera tenido noticias del otro, ni en el trabajo ni en sus celulares. Se acercaba la hora del partido y Mel no podía contener los nervios, daba vueltas en su departamento, sin encontrar las respuestas a las preguntas que rondaban su mente desde hacía una semana. Se terminó de cambiar, con unos jeans gastados y una remera negra y sonrió al recordar la ropa interior que llevaba puesta. En ese momento su abuelo llamó a su puerta. Desde hacía unos años había refaccionado el departamento de la planta alta del local para convertirlo en dos separados. Su abuelo había insistido en que Mel sienta que era dueña de su propio espacio y si bien solían cenar juntos cada noche, se sentía muy agradecida por contar con un lugar propio. -Mel, te vinier

