El cuerpo de Didi se quedó inerte en la silla, pero Fob sintió la vibración en el aire apenas ella entró en el sueño de Leona. El ambiente se volvió denso, como si el oxígeno se transformara en una energía antigua, primitiva, pero vital. Cerró los ojos un instante. Y ahí estaba la conexión. El lazo mental entre él y su sobrina. Punzante, casi doloroso y lo único que le quedaba para recordarle que él en el fondo también era un dios. “Estoy dentro.” La voz de Didi no era ya la de una niña. Era una presencia poderosa, solemne y casi angelical. Fob se apoyó contra la pared, sin perder de vista a Leona. “Voy a traerla de vuelta, tiito. Pero no va a durar, esto solo es una solución de parche.” —¿Qué querés decir? ¿Tú no puedes salvarla? —el cuerpo y también el alma de Fob temblaron, eso que

