Camille suspiró, sintiendo que la vida se complicaba cada día más. Era consciente de la necesidad de mantener su dominio de profesionalismo y control, no obstante, en su interior, las emociones la abrumaban. Decidió distraerse con el trabajo y revisó los documentos en su escritorio. No podía permitirse el lujo de perder la concentración, especialmente con tantos proyectos importantes en marcha. Sin embargo, sus pensamientos seguían volviendo a Pierre. —Señora, el señor Duval, está en la línea uno —dijo su asistente, interrumpiendo sus pensamientos. Camille tomó el teléfono, tratando de calmar sus nervios. —Hola, señor Duval —dijo, tratando de sonar casual. —Hola, señora Camille. Espero que estés bien. Quería que nos viéramos hoy, ¿es posible? —dijo Albert, el primo, con un tono cálido

