Cuando ambos entraron en la casa, Renata permaneció inmóvil, observándolos aturdida.
—Señor Lancaster, ¿quién es ella? —preguntó Bella con evidente desagrado mientras miraba a Renata.
Liam dirigió una mirada indiferente hacia Renata y luego apartó los ojos.
Mientras tanto, Renata entrelazó los dedos con nerviosismo.
¿Cómo me va a presentar? ¿Le dirá a su amante que soy su esposa?, pensó.
La respuesta de Liam llegó sin vacilación.
—Es el ama de llaves.
Tomó la mano de Bella y entró directamente en la casa.
Renata se quedó paralizada.
Las palabras «ama de llaves» atravesaron su corazón como una cuchilla afilada.
Observó a la pareja caminar abrazada hacia la sala de estar, y una oleada de ira se apoderó de ella.
Quería correr hasta Bella y abofetearla.
Quería gritarle que ella era la verdadera esposa de Liam, no una simple empleada doméstica.
Pero esos pensamientos nunca abandonaron su mente.
No dijo nada.
Simplemente regresó a su habitación.
Al menos allí no tendría que escuchar sus risas.
¿Soy un fracaso?, se preguntó mientras cerraba la puerta y tocaba su pecho sintiendo como su corazón comenzaba a latir de manera rápida.
En ese momento, su teléfono comenzó a sonar.
—Hola, habla Renata Anderson.
Respondió automáticamente, sin siquiera mirar el número. Su estado de ánimo era tan malo que no tenía ganas de hablar con nadie.
—Renata, soy yo.
Al escuchar aquella voz masculina tan familiar, salió de golpe de sus pensamientos.
—¿Jayden?
Una carcajada alegre resonó al otro lado de la línea.
Al instante, Renata recordó al muchacho sonriente que había formado parte de su infancia.
Jayden era su amigo de toda la vida. Habían crecido juntos, pero durante la secundaria él y su familia se mudaron a otra ciudad. Con el paso de los años perdieron el contacto.
Por eso, jamás imaginó que volvería a escuchar su voz.
—¿Dónde estás ahora? Voy a verte.
Después de obtener la dirección de Jayden, Renata abrió el armario y escogió el mejor vestido que tenía.
Era la primera vez que se reencontraría con él después de tantos años.
Quería lucir bien.
La emoción de volver a ver a su amigo de la infancia hizo que, por un momento, olvidara la amarga escena que acababa de vivir.
Sacó un vestido n***o que rara vez usaba y soltó su cabello. Sus ondas cayeron sobre sus hombros y se mecían suavemente con cada movimiento, haciéndola lucir más elegante y atractiva.
Luego se puso sus tacones de cristal.
Cuando terminó de arreglarse, se observó en el espejo.
Se veía presentable, sofisticada y femenina, sin resultar exagerada.
Satisfecha con el resultado, asintió y sonrió.
Al salir de la habitación, encontró a Liam y Bella en la sala.
Ya habían terminado de cenar.
De hecho, estaban disfrutando precisamente de la comida que ella había preparado.
Mientras veían televisión, Liam rodeaba los hombros de Bella con un brazo, y ella descansaba la cabeza sobre él.
Parecían una pareja de enamorados.
Una punzada de dolor atravesó el pecho de Renata.
Apartó la mirada de inmediato y se dirigió hacia la puerta.
—Espera.
La voz de Liam la detuvo.
Renata se giró sorprendida.
Lo vio sentado en el sofá, aparentemente concentrado en la televisión.
Por un instante incluso se preguntó si habría escuchado mal.
Sin embargo, Liam finalmente volvió la cabeza hacia ella.
—¿A dónde vas?
Por lo general, Renata no solía arreglarse cuando salía. Casi nunca se maquillaba y prefería vestir de forma sencilla.
Por eso, verla con un elegante vestido n***o, maquillaje delicado y tacones llamó de inmediato la atención de Liam.
Por alguna razón, aquello lo hizo sentir incómodo.
Su tono de voz sonó ligeramente molesto.
Bella también observó a Renata de arriba abajo antes de volver la vista hacia Liam.
La duda apareció en sus ojos.
Después de todo, era extraño que una simple ama de llaves vistiera un vestido tan elegante y costoso.
—Voy a encontrarme con un amigo —respondió Renata mientras se pasaba los dedos por el cabello con nerviosismo.
La mirada de Liam la intimidaba. Parecía enfadado, aunque ella no tenía idea de por qué.
—¿Qué amigo?
Antes de que Renata pudiera responder, Bella intervino para aliviar la tensión.
—Señor Lancaster, aunque sea su jefe, no puede controlar todo lo que ella hace.
Liam apretó los labios y volvió a concentrarse en la televisión, ignorando nuevamente a Renata.
Ella lo observó durante unos segundos y sintió una profunda impotencia.
¿Realmente su matrimonio estaba llegando a su fin?
Liam siempre escuchaba a Bella, sin importar lo que ella dijera. En cambio, parecía incapaz de prestar atención a cualquier cosa que Renata intentara explicarle.
Por primera vez, dudó de poder seguir soportando aquella vida matrimonial.
Cuando llegó al café, una sonrisa apareció de inmediato en su rostro.
Al ver aquella cara familiar, una cálida sensación la invadió. Los recuerdos felices de su infancia desfilaron por su mente.
Con una sonrisa radiante, corrió hacia él.
—¡Jayden!
Jayden la reconoció en cuanto entró al local.
La pequeña niña llorona que recordaba se había convertido en una mujer hermosa y elegante.
Sonrió y, como hacía cuando eran niños, le tocó suavemente la punta de la nariz.
—Es genial ver que todavía me recuerdas. ¡Pensé que me habías olvidado!
Renata sacó la lengua juguetonamente.
—¡Claro que no!
Ambos tomaron asiento.
Jayden pidió un café americano. Siempre le había gustado el sabor intenso y amargo del café.
Renata pidió un batido de fresa.
—Veo que sigue siendo tu bebida favorita —comentó Jayden mientras señalaba el vaso.
Renata tomó un sorbo y sonrió.
—Y tú tampoco has cambiado. Después de tantos años, tu favorito sigue siendo el americano.
La conversación fluía con tanta naturalidad que parecía que el tiempo no hubiera pasado.
Por un momento, Renata sintió que había regresado a aquellos días felices de su juventud.
—Por cierto, Jayden, ¿qué te hizo volver tan de repente?
Cuando eran jóvenes, él se había marchado con tanta prisa que ella había llegado a pensar que jamás regresaría a la ciudad.
Jayden sonrió.
—Volví porque te extrañaba.
Renata siempre lo había considerado un hermano mayor.
Por eso no percibió la intensidad que había en la mirada de Jayden cuando pronunció aquellas palabras. Simplemente creyó que la había echado de menos como amiga.
—Por cierto, escuché que trabajas en la Corporación Lancaster.
La sonrisa de Renata se debilitó ligeramente.
La imagen de cierta persona apareció de inmediato en su mente.
—Sí. Trabajo allí como secretaria.
Jayden sonrió.
—Entonces es una buena noticia. Yo también trabajo allí ahora. Aunque soy nuevo.
Renata abrió los ojos con sorpresa.
De inmediato recordó los rumores que circulaban por toda la empresa.
Durante días, todos habían estado hablando sobre un nuevo director que se incorporaría ese mes. Según decían, Liam había invertido una enorme suma de dinero para contratarlo.
—¿Eres el nuevo director? —preguntó incrédula.
Jamás habría imaginado que el amigo de la infancia al que no veía desde hacía tantos años terminaría convirtiéndose en su jefe.
Jayden soltó una carcajada.
—Parece que mi fama me ha precedido.