Capítulo 3

926 Words
A la mañana siguiente, la oficina estaba más animada de lo habitual. —¡Oye! Tenemos nuevo director. Lo vi hace un momento en el ascensor. ¡Dios mío, es guapísimo! —¿En serio? ¿Qué tan guapo? ¿Como Justin Bieber o Leonardo DiCaprio? Mientras sus compañeras cotilleaban emocionadas, Renata organizaba unos documentos sobre su escritorio sin participar en la conversación. Todos en la empresa la conocían como una belleza fría y reservada. Rara vez hablaba más de lo necesario. Sin embargo, al escuchar los comentarios, no pudo evitar sonreír para sí misma. Jayden realmente era atractivo. Además, los años le habían dado una madurez que lo hacía aún más interesante. Me pregunto quién será su novia, pensó. Si tengo la oportunidad, me gustaría conocerla algún día. —Renata. Victoria se acercó y tomó asiento junto a ella. A diferencia del resto de las empleadas, Victoria tampoco era aficionada a los chismes. Por eso ambas se habían vuelto buenas amigas. —¿Sí? —respondió Renata con una sonrisa después de terminar de ordenar los documentos. Victoria comenzó a acomodar algunas cosas que había comprado camino al trabajo. Como no tenía nada mejor que hacer, Renata tomó una de las revistas que había sobre la mesa y empezó a hojearla. Sin embargo, apenas unos segundos después, se arrepintió. En la portada aparecía una pareja caminando de la mano por una calle concurrida. Se veían felices. Enamorados. Como cualquier pareja común. Pero para Renata aquella imagen resultaba insoportable. Porque las dos personas de la fotografía eran Liam y Bella. Su corazón se hundió. El titular, impreso en grandes letras negras sobre la portada, ocupaba casi media página. «¿Bella será pronto la señora Lancaster? Liam Lancaster y Bella Pacotto fueron vistos caminando de la mano por las calles de la ciudad». Los dedos de Renata se cerraron con fuerza alrededor de la revista. Con expresión impasible, volvió a dejarla sobre la mesa para ocultar la ira que crecía en su interior. Victoria, que acababa de terminar de ordenar sus cosas, alcanzó a ver la portada y suspiró. —Bueno, nuestro presidente es el hombre más rico y atractivo de la ciudad. Pero creo que ya no está disponible. El señor Lancaster nunca ha mantenido una relación por más de tres meses. Sin embargo, lleva cinco meses saliendo con Bella. Tal vez ella sea la mujer indicada para conquistar a nuestro playboy. —Tal vez —respondió Renata. Quiso sonreír para ocultar sus emociones, pero no pudo. Ella y Liam estaban casados. Sin embargo, Liam había utilizado toda su influencia y sus conexiones para ocultar la noticia de su matrimonio. Ante el público seguía presentándose como un hombre soltero. Liam... ¿odias tanto este matrimonio?, pensó con tristeza. Por suerte, sus padres habían viajado al extranjero poco después de su última visita. De lo contrario, Renata no habría sabido cómo explicarles lo que estaba ocurriendo. Tras excusarse, fue al baño y se encerró en una de las cabinas. Sabía perfectamente que Liam y Bella habían estado juntos durante aquellos días. Las noticias sobre ambos aparecían por todas partes. Y estaba convencida de que Liam lo hacía a propósito. Quería que ella viera cada fotografía, cada titular y cada rumor. Quería que comprendiera que aquel matrimonio estaba condenado al fracaso. Era su forma de decirle que negarse a firmar el acuerdo de divorcio no cambiaría nada. Liam no deseaba continuar casado con ella. Además, Renata había escuchado rumores que afirmaban que él solo se había casado porque su padre lo había obligado. Aquello la colocaba en una situación imposible. ¿Debería divorciarme? Sacudió la cabeza. ¿Qué pensarán papá y mamá si me divorcio? A papá le agrada mucho Liam. Les rompería el corazón. Pero, por otro lado... ¿Tiene sentido seguir aferrándome a este matrimonio? Si me niego a firmar, quizá Liam haga algo todavía peor. Renata se encontraba atrapada entre dos caminos y no sabía cuál elegir. Después de salir de la cabina, se lavó las manos frente al lavabo. Al levantar la vista, se quedó inmóvil. Liam estaba allí. Vestía un elegante traje n***o que resaltaba aún más su imponente presencia. Sus miradas se encontraron a través del espejo. —Buenos días, señor Lancaster. Renata no olvidó que estaban en la oficina. Él había sido muy claro desde el principio: en el trabajo debían comportarse como completos desconocidos. Por eso lo llamó como cualquier otra empleada. Liam ni siquiera respondió. En ese momento, una mujer apareció detrás de él. Actuando como si Renata no existiera, rodeó la cintura de Liam con los brazos desde atrás. —Señor Lancaster, nos vemos esta noche. Luego se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla. Después se marchó con una sonrisa. Renata permaneció inmóvil, observando la escena. La mujer le resultaba familiar. Tardó apenas unos segundos en reconocerla. Era la modelo que había ganado el primer lugar en el concurso más importante de la temporada. Un frío intenso recorrió el cuerpo de Renata. Miró a Liam. Pero él simplemente se dio la vuelta y se marchó sin dirigirle una sola mirada ni ofrecer ninguna explicación. Como si ella no existiera. Como si no fuera su esposa. Cuando Liam desapareció de su vista, Renata tuvo que apoyarse contra la pared para no perder el equilibrio. Ese era su marido. Un hombre capaz de herirla una y otra vez sin mostrar el menor remordimiento. Levantó lentamente la cabeza. Su reflejo apareció en el espejo. Su rostro estaba pálido. Y una amarga sonrisa curvaba sus labios.
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