Capítulo 4

1082 Words
Aquella noche, Renata dio vueltas en la cama durante horas. No podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos recordaba las palabras de la modelo en el baño. «Nos vemos esta noche». La ironía le arrancó una sonrisa amarga. Mientras ella permanecía sola en casa, Liam probablemente compartía la noche con otra mujer. La vivienda permaneció en silencio hasta casi la medianoche. Entonces escuchó el sonido de la puerta principal al abrirse. Renata se incorporó de inmediato. Se preguntó si la cena que había preparado seguiría caliente. Recordó los consejos que su madre le había dado antes de casarse. El matrimonio no se basa únicamente en el amor a primera vista. Las personas pueden aprender a amarse después de casarse. Alguien debe dar el primer paso. Si ella se preocupaba por su esposo, tarde o temprano él también se preocuparía por ella. Solo entonces comenzaría a verla como su verdadera esposa. Con esas palabras en mente, Renata se puso una bata sobre el pijama y salió de la habitación. Cuando llegó a la sala de estar, encontró a Liam tumbado en el sofá. No se movía. El fuerte olor a alcohol impregnaba el ambiente. Con solo acercarse un poco, Renata comprendió que estaba completamente borracho. Renata caminó hacia Liam y notó que estaba profundamente dormido. Lo sacudió e intentó despertarlo. —Vuelve a tu habitación y duerme. Puedes resfriarte si te quedas aquí. Renata lo persuadió pacientemente, como si estuviera tratando con un niño. Luego, lo ayudó a levantarse. Liam estaba borracho y murmuraba palabras ininteligibles, pero ella no podía entender lo que decía. Renata era una mujer delgada, y su complexión hacía que pareciera aún más frágil al sostener a Liam. Sin embargo, a pesar de su pequeño cuerpo, era lo suficientemente fuerte como para ayudar a un hombre tan alto como él a regresar a su habitación. Ella ayudó a Liam a recostarse en la cama. Él estaba completamente ebrio y apenas podía mantenerse consciente. Cuando Renata intentó apartarse, unos dedos fuertes rodearon su muñeca. —No te vayas… —murmuró él con la voz ronca. —Liam, estás borracho. Necesitas descansar —susurró Renata con paciencia. Sin embargo, Liam no la soltó. Sus ojos estaban entreabiertos y, por primera vez desde que se habían casado, no había frialdad en ellos. —No me dejes solo… —Liam observó a Renata y por un momento, la imagen de aquella mujer se interpuso. ¿Por qué tenía que parecerse tanto? ¿Era por eso que odiaba a Renata? Por su gran parecido con aquella mujer. Antes de que Renata pudiera reaccionar, perdió el equilibrio y cayó sobre el colchón. El aroma del alcohol y el calor del cuerpo de Liam la envolvieron. Él la abrazó instintivamente, como si temiera que desapareciera. —Renata… —pronunció su nombre en voz baja, casi como un suspiro. Ella se quedó inmóvil. Aquella era la primera vez que él la llamaba de una forma tan suave. —Liam… —susurró, sintiendo cómo el corazón le latía con fuerza. Liam acarició distraídamente su cabello y, aún medio dormido, apoyó la frente contra la suya. La cercanía, la ternura inesperada y los sentimientos que ella había guardado desde el primer día terminaron por derrumbar sus defensas. Esa noche, ninguno de los dos volvió a pronunciar una palabra. La lluvia comenzó a caer suavemente fuera de la ventana, mientras las luces de la habitación se apagaban lentamente. … Renata se despertó porque tenía frío. No estaba cubierta con ninguna manta. Era otoño y el amanecer traía un clima helado. Estaba sola en la cama vacía. Aturdida, tocó las sábanas y la colcha que la cubría. Aún conservaban el calor y resultaban acogedoras. Pero Liam la había dejado sola. Ni siquiera se había asegurado de cubrirla. Incapaz de volver a dormir, Renata se levantó y arrastró su dolorido cuerpo hasta el baño. Se miró en el espejo y vio a una mujer despeinada. —¿Soy yo? Parezco un fantasma. Se preguntó: —¿Me equivoqué? Pensé que, después de anoche, podría verme como su esposa. Al menos, creí que ya no querría divorciarse. Pero no hizo nada y me dejó sola en la cama. En el baño hacía más frío que en el dormitorio. Renata se abrazó a sí misma y tembló, pero aquella sensación helada no era suficiente para despertarla de sus sueños poco realistas. Sintió como el pecho se le oprimía. Abrió la ducha y dejó que el agua fría recorriera su cuerpo de la cabeza a los pies. Se estremeció, pero se sintió más tranquila que antes. Permaneció allí, permitiendo que el agua cayera sobre su cuerpo tembloroso. Ignoró su visión borrosa y aquel dolor en el pecho que solo iba en aumento y se quedó obstinadamente bajo la ducha. Solo allí sus lágrimas pasarían desapercibidas. Nadie podría distinguir si era el agua o las lágrimas lo que empapaba su rostro. Mirando su pálido reflejo en el espejo, Renata sonrió con amargura. Poco a poco, su visión se volvió más borrosa, hasta que ya ni siquiera pudo verse a sí misma. Mientras tanto, Liam conducía a toda velocidad por las calles vacías. Pisaba el acelerador sin cesar, incapaz de calmarse. La noche anterior había hecho algo que nunca había deseado hacer mientras estaba borracho. Antes, no le habría dado importancia. Sus momentos más felices siempre llegaban cuando bebía; podía hacer lo que quisiera y olvidar sus miserias. Sin embargo, lo ocurrido la noche anterior era precisamente lo último que habría querido hacer. No podía creer que hubiera terminado acostándose con Renata. Ese recuerdo, mezclado con otro doloroso episodio de su pasado, lo perseguía una y otra vez. Se había prometido a sí mismo que nunca volvería a cometer el mismo error y, sobre todo, que jamás permitiría enamorarse de nuevo. Por eso rechazaba aquel matrimonio con tanta firmeza; para él, solo representaba una obligación de la que deseaba liberarse cuanto antes. Aquello no era lo que esperaba de su matrimonio. Si no se hubiera acostado con Renata, todavía habría podido solicitar el divorcio. Había aceptado casarse con ella y, en ese caso, nadie podría reprocharle nada. Pero ahora era demasiado tarde. Divorciarse sería mucho más difícil. De repente, una idea lo golpeó. —¡No! No puedo dejar que mis padres se enteren. Si descubren lo que pasó, jamás podré divorciarme. Esto debe permanecer en secreto entre Renata y yo. Liam pisó el freno y dio un giro en U para regresar a la villa.
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