Había pasado una semana en un abrir y cerrar de ojos. Cuando Liam regresó, Renata ya sentía que su enojo se había disipado. Después de tantos días, ya no se enfadaba al verlo. Lo observó con calma mientras se sentaba junto a su cama y colocaba la fruta que había traído sobre la mesita de noche. Aunque sus ojos estaban puestos en él, su rostro no reflejaba ninguna emoción. Liam tampoco mencionó lo que había ocurrido aquel día, ya que Renata tampoco había vuelto a sacar el tema. —¿Cómo te encuentras? ¿Te sientes mejor? —preguntó. Renata sabía que se refería al dolor de la cirugía. Aunque el médico había hecho todo lo posible para que la sutura fuera lo más limpia posible y le causara el menor dolor, la herida seguía molestándola de vez en cuando. Cada vez que el dolor aparecía, ella

