«Ya veremos… No te dejaré escapar», fue la última frase que quedó flotando entre Alissa y Nikola al final de la reunión en la que se acordó que el matrimonio se celebraría en tres días. Sus palabras resonaban en la mente de Alissa, despertando en ella un torbellino de emociones intensas y contradictorias, mientras Nikola, se refugiaba en la soledad del jardín de su madre, se debatía entre el deseo y la culpa. —¿Te encuentras bien? —preguntó Leandro, quien lo encontró frente al rosal n***o. —No, no me encuentro bien —confesó Nikola, su voz apenas era un susurro—. ¿Cómo podría estarlo después de lo que he hecho? —Hablas de tu decisión de casarte con la señorita Landers. —Sí —admitió Nikola, deslizando suavemente sus dedos sobre los pétalos de una de las rosas negras—. No puedo dejar de s

