—Pues espero que sea en tres días la boda es que aceptaré que mi sobrina viva sin un chaperón en el mismo techo— replicó Landers, su tono era firme, lleno de convicción en sus palabras. El desafío en su voz hizo que Edward reaccionara de inmediato. No por su hijo, sino porque en su casa, y solo en su casa, él tenía la autoridad para alzar la voz. Además, no le gustaba lo que Landers estaba insinuando con sus palabras. —Espero que no esté sugiriendo que la integridad de su sobrina corre peligro bajo este techo— la voz de Edward retumbó como un trueno en la habitación, una clara advertencia que hizo que todos se tensaran, conscientes del poder que emanaba de él. Landers, consciente de la magnitud de su error, reaccionó rápidamente. —Por supuesto que no. Pero no es propio que una mujer viv

