Alissa se dejó caer contra la puerta, el eco del golpe resonando en el vacío mientras luchaba por calmar el temblor en sus manos. Respiró hondo, pero la sensación del toque de Nikola aún ardía en su piel, y la imagen de lo que podría haber sucedido de no ser por la intervención de la doncella la dejaba sin aliento. —Alissa, no seas una tonta... —susurró para sí misma, cerrando los ojos con fuerza, llevándose ambas manos al rostro para disipar la confusión. —No estás aquí para enamorarte de ese hombre... sino para llevarlo ante la justicia y hacerle pagar por sus crímenes—se reprendió, golpeando suavemente sus mejillas, intentando acallar la tempestad que Nikola había despertado en ella. Recordaba claramente el propósito que la había llevado allí, pero él ejercía sobre ella un poder que n

