Tras pronunciar esas palabras, Nikola la soltó de manera abrupta, como si el contacto con ella le quemara, rompiendo de golpe la magia del momento. Leandro, aún presente, carraspeó suavemente, llamando la atención de ambos, consciente de que la tensión entre ellos estaba a punto de estallar en una nueva confrontación. —Señorita Landers —dijo, manteniendo un tono formal en su voz—, creo que es mejor que regrese conmigo. No puede estar aquí. Alissa, todavía confundida por el comportamiento de Nikola y por el modo en que un simple abrazo de su parte había calmado la tormenta en su interior, se dejó conducir por Leandro. Aquella paz que la había invadido era tan inexplicable como perturbadora. Mientras caminaban, Leandro rompió el silencio. —Señorita Landers, ha tenido mucha suerte de no h

