LXXVI Todo estaba inusualmente silencioso, más aún cuando abrió la puerta de su departamento y solo había oscuridad. Caminaron dentro, tan despacio, como si quisiesen pasar desapercibidos para los fantasmas de la tristeza que ahí rondaban. Fito no encendió la luz en un inicio; era como si, al hacerlo, todo volviera a comenzar. —Por favor, ve a darte una ducha, lo necesitas. Después haremos las cartas correspondientes para darnos de baja en la Universidad. Espero actuar más rápido que Greco. El amigo giró su cuerpo y tal como lo pensó, la brutal realidad le arrancó el corazón y lo tiró por la ventana. Dan parecía que salía de una película de terror: el maquillaje corrido por completo, los labios despintados, las horribles marcas de los dedos de Alex en su cuello, el vestidillo rasgado, l

