Capítulo 2

1169 Words
II Una semana después, era muy tarde ya y la Universidad se encontraba casi vacía. Dan se había quedado dormido en el salón de profesores subiendo una información a la plataforma, pero esta fallaba y, mientras esperaba que se arreglara, se tomó una siesta. Solo despertó ante las maldiciones que escuchó al otro lado del salón. —¿Hola? ¿Alguien más con problemas para subir información? El salón estaba oscuro, solo iluminado por las propias luces de las pantallas. Dan se dirigió hasta donde se encontraba la persona en apuros y casi se desmaya al ver que se trataba de Alexandro Greco. Sabiendo que no iba a recibir nada positivo de él, inclinó un poco la cabeza, en señal de despedida. —¿Tiene usted también problemas, profesor Choi? Llevo horas acá. Si no subo la programación esta noche, tendré una riña con el rector. Alexandro parecía preocupado. Dan precavidamente se acercó al asiento del hombre y vio a la pantalla. Aunque increíble, Greco le invitó a sentarse cerca. Dan le dijo que, a pesar de que la plataforma fallaba, él estaba ingresando por el lugar incorrecto. Con habilidad tomó las riendas del teclado y le llevó hasta el enlace debido, cosa que el de ojos de cielo le agradeció muchísimo. Al parecer, lo que él necesitaba hacer funcionaba correctamente, y con la ayuda de Dan terminó muy pronto. Alexandro viró a verlo y algo en su aroma le llamó la atención, sin embargo, su móvil empezó a sonar y se levantó para atender la llamada. Dan, entretanto, terminaba de ayudarlo en la computadora, cuando vio una cosa curiosa en otra de las pestañas del navegador y asegurándose que no estuviera cerca, entró rápidamente a la página y con igual velocidad salió. —Muchas gracias, profesor Choi, me ha sido de gran ayuda. Un día le invitaré a un café. Dan, impresionado, le dio las gracias por la invitación, corrió a su puesto y sacó sus cosas lo más rápido posible. Una vez afuera, llamó de inmediato a su amigo; tenía que contarle lo que sabía y que podía ser por fin su oportunidad. —Dan, nos veremos en media hora en tu departamento, por favor, no hagas nada estúpido —replicó Dobargo ante la llamada. —Date prisa, Fit, ¡debes ayudarme! ¡Creo que por fin voy a poder acercarme a este hombre! Minutos después, cuando Dan abrió la puerta de su departamento luego de un desesperado llamado, Fito estaba por desmayarse de lo agitado que se encontraba. Corrió por muchas cuadras ante la impotencia de no encontrar transporte. Sabía que Dan cometería una idiotez y al menos tenía que ser el amigo que le diría a futuro «te lo advertí». Dan lo llevó hasta su laptop y le mostró una página de citas. Fit estaba sorprendido, parecía que su amigo quería buscar otras alternativas para dejar tantos amoríos fugaces. No obstante, todo quedó en supuestos cuando el muchacho de ojos sesgados le contó lo que había pasado horas atrás en la sala de profesores, pero su amigo se echó a reír. Era imposible que Greco recurriera a eso para encontrar una pareja. Sin embargo, con asombro vio la página del perfil que él, al parecer, había hecho y la fotografía que había puesto. Parecía que buscaba trabajo de vendedor más que otra cosa. Empezó a leer los datos en voz alta y movía su cabeza de un lado al otro en señal de negativa con todo lo que se encontraba. —«Busco MUJER para entablar relación seria. No damas de compañía, ni sexo casual. De edades entre 25 y 35 años, alta, delgada, con intereses y aficiones diferentes a ella misma. Que sepa hacerse cargo de una casa, que cocine aceptablemente. —Fito levantó una ceja y miró a Dan mientras leía esa parte—. Que tenga estudios universitarios. Que sea prolija en su aspecto personal, si habla inglés sería mucho mejor. Por favor, no estudiantes universitarias, ni jovencitas sin intereses más allá de noches de juerga. Escribirme por interno para pactar una cita. Vkt192117.» —¿Quién demonios usa la palabra 'Juerga' en este siglo? —Es mi oportunidad, Fito, es ahora o nunca —intervino Dan, recostado en la ventana, mirando a la calle, con aspecto ansioso y mirada casi enloquecida. —Creo que no has leído el mensaje correctamente, Dan, dice: ¡BUSCO MUJER! —gritó el otro profesor muy fuerte, sacando al joven coreano de su nebulosa—. No hay oportunidad para nada, lo único que hay es la oportunidad de burlarnos un poco de este hombre. Y mira, a pesar de ese horror de mensaje, tiene muchas visitas y peticiones para «pactar» una cita... —Fito se detuvo, sabía que para poder ver ese perfil, tenía que ser desde adentro, o sea estar registrado—. ¿Creaste un perfil para espiarlo, verdad? Dan miró intensamente a su amigo. Fito sintió cómo un frío le recorría la espalda; al parecer el hombre quería llegar muy lejos en esa historia. —Voy a ser esa que tanto anhela. Por eso quiero tu ayuda. Por un beso de ese hombre soy capaz de lo que sea. Por favor, Fito, no me dejes solo en esto, dime que estoy loco, enfermo, que merezco la muerte, pero que me ayudarás. Un beso y saldré corriendo como cenicienta. —Estás loco, enfermo y mereces la muerte. —Dan lo miró con nostalgia—. Será solo hasta que consigas un beso y dejaremos esto para siempre. Si no es así, te olvidarás de mí como amigo. Si vas más allá, lo dañarás profundamente y no voy a hacerme responsable de eso—. Dan sonrió muy grande. Había encontrado un cómplice para la locura, a quien le estaría agradecido toda su vida—. Quiero que me expliques cómo lo harás. *** Después de esa conversación, pasó una semana más. En un café muy conocido, donde miles de parejas se encontraban para darse afecto y estrechar su amor, Alexandro Greco estaba sentado bebiendo un vaso de agua, esperando a alguien que quizás se convertiría en otra decepción, más aún cuando no había visto una fotografía de ella. Sería quizás una mujer vieja en busca de una aventura o una horrenda solterona que nadie quería. No se encontraba ansioso, algo curioso, tal vez. De repente una sombra lo cubrió. — ¿Vkt192117? Alexandro levantó la mirada y quedó muy sorprendido con lo que veía. De momento los supuestos de que podía tratarse de una anciana o una solterona fea y desesperada, estaban descartados. Se levantó rápidamente de su silla y le ayudó a que tomara asiento. Era muy hermosa, y juró que ese aroma que percibía de ella ya lo había sentido antes. La mujer sonrió y él se emocionó mucho. —Soy yo. Es un placer conocerte y me alegra que hayas venido. —El placer es mío —respondió la bonita niña. Así iniciaba entonces, su desdichada historia. *** Fin capítulo 2
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