LXXI La suerte se hundió en lo profundo del océano y para todos. Los niños crecieron, uno más afortunado que otro, pero ambos habían perdido a su madre. Marco se hundió por completo en la depresión luego de la muerte de su esposa y su hijo tuvo la responsabilidad de trabajar para poder vivir de manera digna, pues, su padre, de quien heredó su nombre, se negó a levantar un pincel y vivía de la caridad de sus amigos artistas, que tampoco eran millonarios. —Muchacho, quisiera hablar contigo. Una tarde, la muerte vestida de verde y subida en tacones muy altos, llegó al pequeño café donde Marco hijo trabajaba. La mujer, que no se identificó en un inicio, le hizo una propuesta muy interesante al muchacho de cabellos oscuros y que ella claro, sabía a la perfección de quién se trataba. Al ver

