Sexualmente aterrada

1298 Words
—Vas a sentir un poco de presión, respira hondo—. Respiré profundamente, sintiendo la presión que ella exageraba mientras el espéculo se deslizaba dentro de mí y luego comenzaba a separarse. Presión, y una mi3rda. Gemí, apretando la mano de Franco con todas mis fuerzas, respirando profundamente, pero era increíblemente incómodo. —Intenta relajarte, no te tensiones, voy a hacerte una citología, que consiste simplemente en tomar una pequeña muestra con un hisopo—, sentí la sustancia seca del hisopo introducirse y girar un poco. Aunque en cualquier otro examen que me habían hecho nunca me había dolido, esta vez sentí algo de dolor. Hice una mueca de dolor y giré la cabeza hacia Franco con los ojos cerrados. —Por lo que parece, hay un desgarro, pero por suerte no es nada grave como para necesitar puntos. Sin embargo, el desgarro dificulta las actividades cotidianas, como sentarse o incluso caminar. Cuando te sientes, te recomiendo que lo hagas sobre un cojín. No hay signos de infección, así que lo único que podemos hacer es tomárnoslo con calma. Lo que significa que te voy a sugerir que te tomes esta semana y la próxima libre del trabajo, especialmente con lo que haces. El baile en barra puede empeorar mucho las cosas—, explicó con sencillez. —Ah, vale—. Cuando sentí que me había quitado el dispositivo, me incorporé lentamente y me ajusté el papel que cubría mi regazo. —¿Eso es todo?—. No dudé en bajarme la bata para cubrirme las piernas. —Penélope... Le pedí que trajera un kit de vi0lación. Vi0lación. ¿Vi0lación? —¿Por qué? Yo... yo no he sido violada. —¿Le diste tu consentimiento a Sebastián?—. Ni siquiera recuerdo cómo acabamos en la cama. —Penélope, te golpeó, te estranguló, incluso te mordió. Y por todo lo que ha pasado, no parece que dieras tu consentimiento. Pero si sabes con certeza que lo hiciste, podemos dejarlo aquí. Pero si sabes que no lo hiciste, o no lo sabes, te recomiendo que te hagas el kit. Por si acaso. Mis ojos se escaparon de la mirada preocupada de Franco y se posaron en Joanna, que esperaba pacientemente mi decisión. —Me he duchado—, tragué saliva, —¿Saldría algo? —Es probable que no se detecte mucho, por ejemplo, ¿usó c0ndón? Oh, no. ¿Usó cond0n? —Rayos—, murmuré, y apenas pude oír mi propia voz. —Rayos, no lo usó. —Vale... aún podría haber restos de su ADN. También podríamos mirar debajo de las uñas... —Vi una marca de arañazo en su cuello, ¿fuiste tú?—, preguntó Franco y yo asentí, jugueteando con mis manos en mi pecho. Joanna carraspeó: —También tomaríamos fotos de tus heridas, pero tendríamos que hacer otro examen v4ginal para obtener más muestras y enviarlas al laboratorio. Me detuve un momento, mirando hacia mi regazo y ajustándome el papel. Mis ojos parpadearon en el suelo. —¿Crees que valdrá la pena? —Sí. Te lo recomiendo encarecidamente, así, si algún día decides presentar cargos, esto estará aquí—, dijo cruzando las piernas con naturalidad y sin apartar la mirada de mí, mientras yo seguía mirando fijamente a lo lejos. —De acuerdo. Hagámoslo entonces. * —¿Estás bien?—. La puerta se cerró con un fuerte clic cuando Franco se volvió hacia mí. Me encogí de hombros y me froté la cara con la mano. —¿Por qué no vas a descansar un rato? Puedo salir a comprar tus medicinas, de todos modos tengo que salir un momento. Mi hermana también debería llegar en cualquier momento, así que no estarás completamente sola—. Su mano rozó mi espalda mientras me acompañaba de vuelta al dormitorio. —¿Quieres otra ropa para dormir? Puedes tomar prestada alguna de la mía. —Quizás solo una camiseta diferente—, murmuré, agarrando mi jersey holgado, que no era el más cómodo para dormir. Entró en la habitación, dio la vuelta y se dirigió a la cómoda. Abrió el tercer cajón, rebuscó en él y sacó una camiseta. —Toma, tengo que irme. Le pediré a Sera que te eche un vistazo cuando llegue, por ahora intenta dormir, ¿vale? Quizás incluso date un baño—. Su mano acarició mi mejilla con ligera vacilación. —Lo siento mucho, Penélope. De verdad, ojalá no tuvieras que pasar por todo esto. Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras, y veré si puedo conseguirte más tiempo libre—, dijo mientras me daba la camiseta y retiraba la mano. —Llámame si necesitas algo—, fue todo lo que dijo antes de salir de la habitación, cerrando la puerta chirriante para darme más privacidad. —Llámame—. Me había olvidado por completo de mi teléfono. Después de volver esa noche, lo apagué, por eso nunca respondí a Franco. Lo único que hice fue llamar a Jackson y luego lo apagué. Pero lo traje conmigo aquí. Me quité el jersey con cuidado, evitando el dolor de mis extremidades. Lo sustituí por la camiseta que me llegaba hasta la mitad del muslo y luego fui a mi bolsa, que estaba junto a la cama. Después de rebuscar entre la ropa y otras cosas, encontré mi teléfono y su cargador. Cuando finalmente se encendió, aparecieron un montón de mensajes. Algunos eran de Franco, Jackson, Lorena y Sebastián. L: ¿Dónde estás? L: ¿Por qué te fuiste? Pensé que la estabas pasando bien. Podría haberte llevado a casa. L: No te he visto en el trabajo, ¿qué te ha pasado? L: ¿Estás bien? Pasé por tu apartamento, pero no estabas allí. Salí de sus mensajes y leí los mensajes preocupados de Lorena y Franco antes de ver otro de un desconocido. Esta noche he echado de menos tu bonita cara, conejita.— H. Un rubor se apoderó de mis mejillas y fue como si todos los recuerdos de aquella horrible noche que vagaban por mi mente se disolvieran y fueran sustituidos por los que había pasado con los dos hombres. ¿Cómo consiguió mi número? ¿Qué le respondo? P: Lo siento, señor, estoy libre toda la semana. Me mordí el labio, dejé el teléfono sobre la mesa y me dirigí al cuarto de baño contiguo. Estoy bastante segura de que, como camarero, gana mucho más que yo. La gran bañera que había al fondo de la habitación prácticamente me llamaba. El brillo del sol se reflejaba en la bañera de mármol. Bajé las persianas de la ventana, volví a la bañera y giré los grifos. * Parecía que estaba más cansada de lo que pensaba, ya que no me desperté hasta que el sol se había puesto hacía tiempo y el cielo se iluminaba con un millón de pequeñas luces. Mi teléfono estaba justo donde lo había dejado antes de dormirme, con la pequeña luz azul parpadeando para indicar que tenía notificaciones. Me giré sobre mi costado y abrí el teléfono; dos mensajes de Franco y otro de un número desconocido. F: Tus medicinas están en la encimera de la cocina. F: Mi hermana dijo que estaría allí a esta hora, así que no te alarmes. Tengo turno esta noche, nos vemos por la mañana. Abrí el otro mensaje. H: ¿Ah, sí? Quizás tengamos que hacerte una visita. Sonreí al pensarlo, pero también sabía en lo que me podía meter. Cada encuentro con los hermanos había estado lleno de lujuria y, efectivamente, parecía que eso era lo único que buscaban. No creo que pudiera lidiar con nada s3xual en este momento, especialmente estando aún herida. Sería demasiado doloroso, tanto física como mentalmente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD