HORACIO Abrí la puerta y lo vi despierto, pero aturdido. Asher pasó a mi lado y entró en la habitación, echando un vistazo antes de fijarse en el hombre que era el centro de atención. Estaba atado a una silla, con el brazo izquierdo estirado y atado por separado para que pudiéramos acceder fácilmente a una vena. Asher se rió entre dientes y se acercó a ese brazo, dejando su maletín en una mesa cercana. —M4ldita sea, ¿qué te ha hecho para estar en esa situación?—. Sus ojos iban de mí a Terry y viceversa. Ignoré su comentario, me acerqué al maletín y cogí uno de los frascos y una jeringuilla. Miré a Terry, que estaba sentado en una silla con nuestro técnico, con el teléfono de Sebastián conectado al ordenador. Me lanzó una mirada severa cuando me vio y eso me dijo todo lo que necesitaba

